DESARROLLO MÍNIMO

Cómo construir un buen hábito lector: seis claves para engancharte/rengancharte a la lectura

La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos” Marco Aurelio.

Si pienso en la manera de alimentar el pensamiento, los libros se encontrarían en un lugar privilegiado. No podría hacer un alegato a la lectura que no fuera en gran parte emocional y subjetivo. Pero lo cierto es que, personalmente, los libros han estado ahí camuflados de muchas temáticas y escritos por hombres y mujeres de diversas épocas, geografías e intereses, pero siempre con el nexo común de alimentar, de algún modo, mi mente, conocimiento y habilidades. Si tuviera que elegir una herramienta auténticamente transformadora sería la lectura.

Personalmente, me ha ayudado a comprender mi entorno, incorporar nuevas perspectivas en momentos de bloqueo e incluso como una fuente de contemplar el arte, pues las palabras, a veces y accionadas por manos adecuadas, son piezas de orfebrería. También, han enriquecido mi vocabulario y alimentado mis capacidades comunicativas. Pero para que esto llegue, hay que establecer un hábito lector que se pueda mantener en el tiempo.

Sin embargo, tener un sólido hábito lector a veces no es tan sencillo. En una época de las distracciones constantes, de Netflix, de estímulos visuales e incluso cansancio y agotamiento fruto del exceso de trabajo, exámenes o circunstancias personales, pueden servir de freno a lectura.

Me he preguntado muchas veces cómo construir un hábito lector duradero y cómo ayudar a construir uno a quien no tenga mucha experiencia lectora. Este artículo es para ti si quizá lleves dando vueltas a que quieres leer más o bien estés atravesando un momento que, aunque siendo un lector, esté marcado por la inactividad lectora y quieras ponerle freno de una vez.

seis consejos para construir el hábito lector

1. Compromiso de mínimos

Uno de los primeros pasos es comprometerse.  Comprometerse con uno mismo en hacer una serie de pequeños actos de fuerza de voluntad (al principio) para establecer el inicio de este hábito tan apasionante y que tantos ratos de placer sosegado te puede brindar (y que quizá ya hayas experimentado). En este sentido, es esencial encontrar tu porqué.

Y una vez comprometido contigo mismo/a y vislumbrando tus motivos para regresar o empezar a leer, está el segundo compromiso: el compromiso de mínimos.

En este, te vas a comprometer a un mínimo de acción lectora. La idea es hacer de la lectura un hábito cotidiano, crear una adherencia suficiente que en el futuro te permita dedicarle el tiempo, energía y concentración que quieras. Y para ello, lo mejor es hacerlo de manera diaria y mensurable -es decir, que puedes saber cuánto y si lo has logrado.

Este compromiso de mínimos puede ser de tiempo como dedicarle 10 minutos a la lectura. También, de páginas unas 10 páginas todos los días.  Empieza pequeño para construir grande. Notarás como, como a poco, tu capacidad de concentración va a ir aumentando. Todo tiempo extra que sumes, o esa página de más o esos minutos, celébralos. Si algún día no puedes dedicarle más, asegúrate de salvar ese compromiso de mínimos, que a la larga son muchos más efectivos que los hartazgos de una tarde y el abandono al día siguiente.  La idea de Leo Babauta: “Hazlo tan fácil que no puedas decir que no.”

Bonus: Si eres meticuloso o quieres serlo, prueba a apuntar en un lugar visible los días que cumples con este compromiso. Te dará una prueba visible de tu avance y te dará motivación. Para ello, puedes hacerte un habit tracker en tu agenda, tu bullet journal, tu Notion, o pegado a tu cuarto. Sea como sea, encontrarás una manera que se adhiera a ti mismo.

2. Saber elegir y dejar ir

Para poder leer hay que tener algo que leer. Lo importante aquí, aunque no lo parezca, son los libros. Y hay que elegirlos (¡Ohh, la toma de decisión!). En este sentido, seguro que hay temas que te interesan y que te serán accesibles ya sea en bibliotecas, librerías, préstamos de amistades o en tu propia casa. Si no sabes por dónde empezar, una buena manera de comenzar es buscar libros similares a películas o series que te hayan gustado. Lo más probable es que las películas se hayan basado previamente en libros.  También, puede ser que quizá te interese aprender algo nuevo, ya sea una habilidad o leer algo que exprese ideas diametralmente opuestas a las que sueles tener habitualmente.

Sea como fuera, lo ideal sería algo ligero y no demasiado denso. Si te interesa tener más ideas sobre dónde encontrar inspiración para proseguir leyendo, ponlo en comentarios.

Este consejo viene aparejado una segunda parte y es: saber dejar ir. Podría ser aplicable a otros aspectos de la vida, pero en este caso es importante: si empiezas un libro que se te hace muy difícil continuar leyendo no te obceques ni le eches culpa a la lectura, lo más posible que ese libro no sea para ti o quizá no sea el momento.

Incluso, quizá seas de las personas que necesite leer un par de libros a la vez: de dos temáticas y tonos distintos dependiendo del momento en el que te pongas a leer. En mi caso personal, suelo alternar libros: uno de literatura y otro de ensayo. Lo importante, es no quedare paralizado, probar distintos libros, literaturas y tonos.

3. Ten tu libro (o libros) visibles

La contemporaneidad trae sombras, pero también algunas ventajas, como la multiplicidad de formatos de los libros: pueden ser los físicos de toda la vida o en formato digital sea a través de lectores digitales, aplicaciones móviles o en la tablet.

Sea como fuera, uno de los elementos más importantes, sobre todo si has elegido un libro físico, es dejarlo a la vista. Quizá es de las pocas cosas que no habría que ordenar en casa, sino dejarlo que vaya viajando por los diversos rincones de tu hogar y que te acompañe al trabajo, a tu centro de estudios o a dónde quieras que vayas.  Así, en algún rato en que te veas distraído con el móvil o bien a punto de ponerte otra serie, quizá le des esa oportunidad y le des el regalo de tu atención.

4. Engancharlo a otros hábitos

Uno de los principios de la formación de hábitos (James Clear, entre otros) señalan lo tremendamente exitoso que es adherir un hábito a otro ya existente. Me explico con un ejemplo, sí tienes un hábito instaurado que se da sí o sí, puedes aprovechar para colgar el siguiente hábito que quieres incorporar. Empecé a usar esta técnica hace algún tiempo y no puedo expresar lo buena que es. 

EJEMPLOS:

  • Lectura antes de un hábito arraigado: Quizá uno de los hábitos que nos una toda la humanidad es dormir. Se que es extender un poco el concepto de hábito, pero es muy ilustrativo. Antes de irte de a dormir, aprovecha parte leer esos quince minutos que te has comprometido (además, leer por la noche ayuda a preparar a la mente para el descanso, salvo que leas terror o novela negra, claro)
  • Entremedias de un hábito: junto con un café o un té. Además, si es tu momento de placer, aún mejor, porque le estás diciendo a tu cerebro que esa actividad es placentera y refuerzas esa conducta.  
  • Después de un hábito: tras realizar *inserte su hábito particular aquí* puedes comenzar a leer.

En mi caso, suelo utilizar de manera más o menos fija dos tiempos de lectura de mi compromiso de mínimos: antes de dormir y, algunos días, junto con el primer café del día. Ahora estoy intentando leer más, así que estoy experimentando algunas medidas para incrementar el volumen de lectura sin por ello perder profundidad.

5. Compartir es vivir: hablar de los libros y entretejer comunidad

Somos una criatura social. Algunos más, otros menos, pero es así. Compartir lo que leemos, lo que interpretamos, lo que vemos o lo que nos gusta es una manera perfecta de continuar profundizando en nuestros hábitos y de reforzar nuestra identidad como lectores. Además, dará a nuestras lecturas una riqueza que aumentará su radio de acción.

Para ello puedes, sencillamente, traer a colación en conversaciones de tu vida cotidiana lo que estás leyendo. También, puedes buscar por internet o las redes sociales comunidades de lectores que dinamizan clubs de lectura o que hablan de distintos libros. Además, esto te ayudará a incrementar tu lista futura de libros. Es bueno tener preparado y en mente el siguiente libro que leer.

6. Satisfactorio

Leer nos brinda muchos beneficios cognitivos, procedimentales, experienciales y un largo etcétera, pero no podemos olvidarnos la satisfacción que nos debería provocar la lectura. Disfrutar de ese tiempo sin cronometro, adentrarte en las vidas o experiencias de otros, deleitarse con las palabras y sus posibilidades en cuanto a describir el mundo, es algo que quizá no haya que descifrar sino simplemente sentir. Y para sentirlo, a veces se necesita un empujón de cierta disciplina antes de disfrutar la sosegada diversión que nos proveen los libros.

Conclusión

Hay una vieja anécdota de mis clases de Historia de la Lectura en la universidad que me encanta. En ella, se hablaba de la fiebre lectora de cierta región europea durante época moderna (no recuerdo si era XVII- XVIII y aún estoy buscando la referencia bibliográfica exacta). Un cronista de la época no dejaba de hablar de la funesta manía de leer. Relataba que en su ciudad todos llevaban un libro en la mano, conversaban lo que leían, leían a todas horas en las más variadas circunstancias. Para él era un espanto. Hay que entenderlo en su época y con la intencionalidad con la que debió escribirlo.

Me llamaba la atención por esa imagen, y sobre todo por vislumbrar una sociedad (quizá ficticia) en la que la funesta manía fuera la de leer, es acto quizá algo rebelde en esta sociedad acelerada de las series (nada en contra, hay algunas que son obras de arte) y de la búsqueda de los placeres rápidos. Ese acto que nos abre a la literatura, poesía, pero también al ensayo, a nuevas habilidades y, lo más transformador, imaginar y crear otros mundos posibles. Y aun más, que lleva la semilla de un desarrollo lento y personal.

Pasado un tiempo de estos primeros pasos es muy posible que no tengas que ni valorar cuánto has leído, ya que habrás incorporado la lectura como algo cotidiano en tu vida.

 

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1 comentario en “Cómo construir un buen hábito lector: seis claves para engancharte/rengancharte a la lectura”

  1. Me encanta el post y los consejos que das. Estoy intentando leer más, así que voy a intentar incorporar algunas de tus sugerencias, sobre todo lo de enganchar la lectura a un hábito! Aunque una de las cosas que me cuesta es encontrar libros que me enganchen. Podrías hacer un post explicando como encontrar libros que nos puedan gustar?

    No conozco la anécdota de la fiebre de la lectura en la época de la ilustración, pero si te puedo decir que la crítica a la lectura seguía existiendo a finales del siglo xix. En una época de positivismo, se criticaba la lectura vacía que estimulase la imaginación e hiciese que la gente viviese en un mundo de fantasía en lugar de la realidad. La imaginación se veía como una amenaza a la producción y al progreso, ya que de quedaba en el mundo de las ideas – y encima eran ideas no prácticas. Por esto también el onanismo se veía como una amenaza tan grande a la sociedad : el onanista malgasta a su energía y su capacidad de reproducción en algo que no existía, era totalmente fútil. Incluso la lectura de política y de ciencias, si no se aplicaba de forma práctica y se que quedaba como tertulias en un café, también se consideraba como un malgasto de tiempo y energía. Ramón y Cajal denunció esta práctica y la amenaza que suponía para el progreso de la civilización en su libro «reglas y consejos para la investigación científica» (1899), mejor conocido por su título posterior, «los tónicos de la voluntad». Es curioso, porque ahora lo que se critica es el uso de los móviles y el malgasto de la atención (un concepto que, por cierto, no se usaba en aquella época; de lo que se hablaba era de la fuerza de voluntad para controlar la imaginación), mientras que se celebra la lectura. Será interesante saber que dicen del uso de la tecnología dentro de un siglo!!

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