DESARROLLO MÍNIMO

Cómo hacer que los propósitos del nuevo año sean una realidad. Miniguia completa.

*Esta es la guía completa respecto a porqué y cómo se pueden alcanzar y desarrollar nuestros propósitos. Dividí el artículo en piezas más pequeñas. Aquí lo ofrezco integro. 

La pluralidad de voces en el mundo enriquece la experiencia de estar vivo. Esa pluralidad de voces puede tener rostros y procedencias geográficas muy distintas; historias diferentes y caminos paralelos, cruzados y yuxtapuestos. Fruto de esa diferencia de historias y tránsitos se encuentra, también, la multiplicidad de formas de plantearnos los propósitos de inicio de año. Si no,  un echad un vistazo a este video del ya lejano 2020 (uf, lo que estaba por llegar).

Posiblemente te hayas visto reconocido de algún modo en algunos de estos seres humanos. Cada uno tiene sus propios propósitos y diferentes contextos. No podemos olvidar la época algo extraña que estamos viviendo. Sea como fuera, dejando de fuera el año y las circunstancias, es muy posible que alguna vez te hayas planteado como conseguir y mantener los propósitos del año nuevo porque tus anteriores experiencias no hayan ido del todo bien.

En este artículo vamos a ver cuál es la realidad en cifra respecto cuántas personas consiguen mantener sus propósitos y especularé sobre qué puede estar sucediendo para que los propósitos sean desechados en las primeras semanas.Para evitarlo, la mejor receta general es el conocimiento. En la segunda parte veremos qué podemos poner en práctica para lograr que los propósitos de fin de año sean objetivos mensurables y, lo mejor, realizables.

En este post voy a acabar el arco de artículos que empecé hace algunas semanas respecto al fin de año, propósitos y objetivos. En esta “trilogía” hemos visto cómo hacer un balance o cómo escribir unos propósitos que te sirvan de mapa y para que sean algo más que un mero deseo.

Si has llegado a este articulo y no es fin de año, pero te planteas como alcanzar tus propósitos vitales, te animo a que le eches un vistazo.

Historia de una caída anunciada

Si es vox populi que los propósitos no suelen servir para nada, los estudios sin entrar en ese tipo de valoraciones también suelen reflejar esta tendencia: muy pocos de los propósitos que se alumbran con los tintineos del nuevo año pasan a ser realidad. Un estudio mostró la cifra que, de 200 personas estudiadas al respecto, el 33% abandonaron sus propósitos la primera semana. Tan solo el 19% los mantuvieron a lo largo del tiempo (dos años).

¿Cuáles es la causa de abandono?

Es indudable que existe una corriente de energía que salvo que seas muy escéptico nos sacude a todos: el efecto psicológico del inicio de año. Un mundo nuevo se abre ante nosotros, la promesa de la diferencia con el año anterior y la certeza que está vez sí que sí, los propósitos se van a hacer realidad. Todo puede suceder. Gracias al estreno del calendario podríamos hacer cosas tan variadas como: ducharnos con agua fría, hacer ejercicio sin saltarnos un entrenamiento; ser más sociables; aprender a decir que no; a organizarse mejor (o organizarse menos, cada uno con sus retos); leer dos/tres/cuatro/cinco libros a la semana; dejar que la opinión que los demás tienen de nosotros nos influya; cuidarnos y cuidar más; comer menos procesados; salir más al campo; estar menos en las RSS; etc. Pero, como quizá se pueda comprobar, la cosa a mitad de enero no es tan sencilla.

Las investigaciones conductuales y de hábitos intentan esclarecer porqué la gente abandona sus propósitos  y, sobre todo, qué es lo que hacen los que consiguen mantener los suyos. En general, existe cierto consenso. Pero antes, tengo algunas ideas que aunque no estén auspiciadas por puros ensayos clínicos (o quizá sí, gente buena, hacedme llegar las referencias) quizá resuenen y sean significativas para ti para poder explicar el motivo de estos abandonos.

¿Qué puede estar sucediendo?

Como aprendí estudiando historia: la multicausalidad (un evento tiene lugar por un conjunto de causas no por una sola) es una constante en nuestra vida. Es decir, son varias las causas las que se entrecruzan y ocasionan un fenómeno. Las obvias pueden ser una falta de claridad a la hora de establecer tus objetivos o ser demasiado ambiciosos. Sin embargo, encuentro dos enfoques reveladores para tomar conciencia de lo que ocurre. 

Para conocerlos, debemos viajar al Londes del fin del año 1799.

En los últimos momentos del 1799, los segundos finales del fin de año se hicieron físicos y se desplazaron como hondas concéntricas por todo Inglaterra. Hicieron que con cada latido del engranaje del reloj el 1800, y su nuevo siglo, eclosionara sobre unos adormilados habitantes una serie de cambios abruptos. Así llegó el s.XIX, y todos los cambios aparecieron de golpe: de un clima apacible y dieciochesco, se pasó a un clima húmedo y oscuro; la hiedra sepultó a las casas, la oscuridad se cernió y “aparecieron las barbas y las perneras se estrecharon (…)” Algo así lo describe Virginia Woolf en su esplendida novela de Orlando.

Esto es ficción (o quizá no) pero demuestra muy bien una de las trampas mentales a la que solemos caer con el nuevo año. La ilusión de que un año es un nuevo territorio donde no existen las mismas leyes que han regido nuestro año anterior y cualquier cosa puede surgir por generación espontánea.

Quizá pensemos que pueden suceder cambios abruptos como si el nuevo año, por el mero hecho de serlo, fueran a cumplirse nuestros propósitos, que tendremos una circunstancia diferente o que seremos distintos como para poder llevarlos acabo. Y no es así, van a estar las mismas fricciones; es decir, el mismo trabajo o mismos estudios, y generalmente las mismas personas. Y, además, no seremos muy diferentes respecto al año (segundos) anteriores. De ahí parten, posiblemente, alguna que otra frustración porque lo que esperamos que suceda  con lo que sucede es muy diferente. 

Además, eso de esperar que tu yo del futuro sea capaz de algo que no has podido antes tiene un efecto perjudicial: el cargar a tu yo futuro de una responsabilidad sin un entrenamiento previo. Se espera de él unas habilidades, fuerza de voluntad y hábitos que a menudo no tiene. Al igual que con el fin de las campanadas no se cubrieron las casas de hiedra como ocurría en el Orlando de Woolf, tampoco tú, vas a ser sustancialmente distinto. Como decía J.L.Martínez Descalzo: la hiedra crece en la noche. Y, además, es lenta.  Y es ahí donde comienza a vislumbrarse otros caminos para poder hacer de los propósitos unos objetivos tangibles y alcanzables.

No es de inicio del XIX pero...

Cómo hacer que tus propósitos sean más que ilusiones

Primero Consigue Seguir a un Gato.

Para desarrollar y alcanzar tus propósitos no hay nada como Primero Conseguir Seguir a un Gato. En esta frase se encierra cuatro pequeños enfoques que suponen una base sobre la que asentar el futuro éxito de la consecución de tus propósitos: PCSG (Positivos, Concretos, Significativos y Graduales):

  • Positivos: tus propósitos deberían estar planteados “positivamente”. Con esto no me refiero a que sean frase del pensamiento positivo (inserte chispas de luz aquí), sino que sean cosas que quieras adquirir o desarrollar y no evitar. Un estudio observó que las personas que orientaban sus objetivos en términos evitativos tenían menos éxito respecto a los que los planteaban en un termino de “aproximación”. Ejemplo: en vez de plantearte ser menos sedentario, plantéatelo en términos de llevar una vida más activa; en vez de plantearte aprender a decir no, quizá sea mejor aprender a decirte sí a ti.
  • Concretos: Por otro lado, habría que ser muy concretos con tus propósitos, mejor que sean pocos pero sabiamente escogidos y que seamos capaces de resumirlos en una frase sencilla. Como decía Aaron Beck:

“Si nuestro pensamiento es sencillo y claro, estaremos mejor dispuesto a alcanzar nuestras metas”.

Ejemplo: llevar una vida más activa es algo generalista, es mejor concretizarlo: hacer ejercicio x veces a la semana o, en la medida de lo posible, alcanzar un mínimo de pasos.

  • Significativos: Es decir, deberían partir de la sinceridad con uno mismo, reflexionar profundamente que implicación emocional y de pensamientos está vinculado tu propósito. Por ejemplo, si tu propósito es hacer deporte cuatro veces al día, ten muy presente porqué lo quieres conseguir: quizá sea por salud y hacer todo lo posible por cuidar tu cuerpo y tu mente (evitar dolores y trabajar para una mejor calidad de vida), aunque también podría ser por ofrecerle un ejemplo a tus hijos. Encontrar tus motivaciones va a ser algo esenciales para que en los momentos de flaqueza y de cansancio no cedas y regreses a tus objetivos una vez pasado el temporal.
  • Graduales: Piensa en tus objetivos como microproyectos en los que embarcarte y conseguir mejoras de manera gradual. Por ejemplo: si quieres leer de manera habitual, antes que plantearte leer un libro a la semana, podría estar mejor comprometerte con leer 15 minutos todos los días, y a medida que adquieras constancia y habilidad y aumentando (graduando) la acción (también puedes leer este artículo sobre el tema). Y si resulta que tu meta o propósito es algo cerrado como sacarte el carné de conducir, ejemplo: puedes plantearte matricularte; luego asistir tres veces a la semana para hace test y todos los días 15 minutos en la aplicación de la DGT. Poco a poco se llega a Mordor.

Cuando ya tengas un esquema en mente,  es hora de pasar al siguiente paso.

Pensamiento estratégico: convertir tus objetivos en hábitos

Las ilusiones pueden motivar y encender una chispa para cambiar, pero el pensamiento estratégico es que el conduce la acción y consecución. De hecho, otro consenso por parte de algunos estudios científicos fueron precisamente que aquellos que utilizaron estrategias de afrontamiento y conductuales tuvieron mas éxito en la consecución de sus propósitos (ejemplo aquí y aquí). La mejor forma que he encontrado de llevar a la práctica esto (y creo que es la única manera) es tratando a tus propósitos como hábitos, que es en verdad lo que son: unos hábitos que quieres desarrollar, pero aún no has hecho.  Para ello, se debería trabajar los propósitos como lo que son, unos nuevos (y flamantes) hábitos.

Un hábito, como ya sabes, son las prácticas habituales que hacemos de manera recurrente. De hecho, en parte, somos nuestros hábitos. Charles Duhigg ya señaló su poder en un fabuloso libro que aún no ha perdido vigencia. De hecho, no solo mostró su poder, sino como surgen, cómo funcionan y cómo podemos aplicárnoslo. James Clear, ha continuado ahondando sobre estas cuestiones. Pero no vamos a hablar de hábitos aquí, solo voy a comentar brevemente un esquema general para puedas comenzar a convertir tus propósitos en hábito.

Se un diseñadorEstablece y piensa cuándo van a ponerse en marcha esos hábitos:  ¿van a ser diarios? ¿tres veces a la semana? ¿van a suceder varias veces al día?

Si tus hábitos son más psicológicos, la cosa es algo diferente pues es en vez de pensar en un momento concreto realmente hay que pensar en que es aquello que lo que va a generar tus nuevos hábitos para poder ofrecer una respuesta distinta a lo que solias hacer. En este sentido, quizá no se pueda planificar en un horario, pero si se puede trabajar para prestar mucha atención sobre tu pensamiento. Por ejemplo, no es lo mismo planificar cuatro tardes de entrenamiento que ser más empático con la gente que te rodea. Para el entrenamiento, puedes apuntarte a un gimnasio, ponerte una alarma y dejar tu ropa deportiva a la vista. Para lo segundo, es detectar cuando no lo estás haciendo o, por el contrario, cuando es un buen momento para ponerlo en la práctica.

Escríbelo, agéndalo y tenlo a la vista.

Pequeño y gradual. Grandes cambios requieren pequeños pasos. Ya lo hemos visto antes. Parte de la estrategia que se encuentra en el transfondo está el pensar cómo de graduales y pequeños van a ser tus avances hacia el propósito que te has marcado. No hay una forma de teletransporte de la nada al todo, así que pequeño y gradual.

Registra tu progreso. Ahí es esencial llevar cierto control cómo vas adquiriendo tus nuevas habilidades y hábitos. Por ejemplo, llevando acabo un pequeño registro de hábitos en forma de tabla y escribiendo qué ha sucedido. Sí un día no has podido mantener tu compromiso podrías preguntarte qué ha sucedido, qué dificultad has encontrado y cómo podrías solventarla la próxima vez. No debería ser un diario de frustraciones, si una forma de adquirir conciencia y conocimiento.

Empápate. Para mi otra cosa que ha funcionado es empaparme de aquello que quería desarrollar o adquirir. Sea cual fuera sobre, descubrí quien leer, escuchar, hablar o investigar sobre eso, me ayudó mucho. En verdad creo que es por que profundizas respecto aquello que quieres desarrollar y, por otro lado, creas tu propio ambiente donde está presente de un modo que no puedas obviarlo y no lo olvides. Por ejemplo, siguiendo con el ejemplo del deporte: leer sobre entrenamiento, seguir a cuentas de divulgadores del deporte, hablar con gente de sus prácticas deportivas, etc.  

Premios. Valora tus progresos con felicitaciones e incluso reflexiona que tipo de premios podrás darte cada vez que vayas avanzando en tu ruta hacia los propósitos. Háztelo fácil y divertido. 

CONCLUSIONES

Querer desarrollarnos y mejorar es algo inherente, quizá, en nuestra especie. Los propósitos no dejan de ser hitos en un camino más amplio: ruta hacia el desarrollo y la mejora personal. Reconozcámoslo, poca gente manifiesta propósitos del estilo: este año voy a fumar más. No, de un modo u otro, deseamos aproximarnos a una mejor versión de nosotros mismos. Sin embargo, a veces es complejo y la fuerza que irradia los cambios de calendario o de año pueden ser una fuente de desilusiones o frustraciones. Saber qué puede ocurrir y tener una estrategia para canalizar todos esos deseos de cambio es vital. Como hemos visto,  Primero Consigue Seguir a un Gato es un buen modo de enfocar nuestros propósitos y lo importante de ser un estratega de los hábitos.

Espero que este articulo te haya ayudado de algún modo a plantearte estas cuestiones desde otro enfoque. Estaré encantado de saber tu opinión abajo en los comentarios. Y si te ha gustado, puedes ayudar compartiendo el artículo o suscribiéndote a la newsletter.

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