DESARROLLO MÍNIMO

¿Qué es lo que le pueden estar sucediendo a tus propósitos?

La pluralidad de voces en el mundo enriquece la experiencia de estar vivo. Esa pluralidad de voces puede tener rostros y procedencias geográficas muy distintas; historias diferentes y caminos paralelos, cruzados y yuxtapuestos. Fruto de esa diferencia de historias y tránsitos se encuentra, también, la multiplicidad de formas de plantearnos los propósitos de inicio de año. Si no, echad un echad un vistazo a este video del ya lejano 2019.

Posiblemente te hayas visto reconocido de algún modo en algunos de estos seres humanos. Cada uno tiene sus propios propósitos y diferentes contextos. No podemos olvidar la época algo extraña que estamos viviendo. Sea como fuera, dejando de fuera el año y las circunstancias, es muy posible que alguna vez te hayas planteado como conseguir y mantener los propósitos del año nuevo porque tus anteriores experiencias no hayan ido del todo bien.

En este artículo vamos a ver cuál es la realidad en cifra respecto cuántas personas consiguen mantener sus propósitos y especularé sobre qué puede estar sucediendo para que los propósitos sean desechados en las primeras semanas.

Para evitarlo, la mejor receta general es el conocimiento. En el artículo XXX comento qué medidas se podrían tomar para evitar que esto ocurra.

En este post voy a acabar el arco de artículos que empecé hace algunas semanas respecto al fin de año, propósitos y objetivos. En esta “trilogía” hemos visto cómo hacer un balance o cómo escribir unos propósitos que te sirvan de mapa y para que sean algo más que un mero deseo.

Si has llegado a este articulo y no es fin de año, pero te planteas como alcanzar tus propósitos vitales, te animo a que le eches un vistazo.

*este artículo forma parte de una pequeña guía más amplia. Aquí ofrezco su primera parte para que su lectura fuera más amena. Puedes leer el artículo completo aquí o seguir leyendo y al final del post echar un vistazo a su segunda parte.

Historia de una caída anunciada

Si es vox populi que los propósitos no suelen servir para nada, los estudios sin entrar en ese tipo de valoraciones también suelen reflejar esta tendencia: muy pocos de los propósitos que se alumbran con los tintineos del nuevo año pasan a ser realidad. Un estudio mostró la cifra que, de 200 personas estudiadas al respecto, el 33% abandonaron sus propósitos la primera semana. Tan solo el 19% los mantuvieron a lo largo del tiempo (dos años).

¿Cuáles es la causa de abandono?

Las investigaciones conductuales y de hábitos intentan esclarecer sus causas y. sobre todo, qué es lo que hacen los que consiguen cumplir sus propósitos. En general, existe cierto consenso del que veremos algo a continuación.  Pero antes, tengo algunas ideas que aunque no estén auspiciadas por puros ensayos clínicos (o quizá sí, gente buena, hacedme llegar las referencias) quizá resuenen y sean significativas para ti para poder explicar el motivo de estos abandonos.

En indudable que existe una corriente de energía que salvo que seas muy escéptico nos sacude a todos: el efecto psicológico del inicio de año. Un mundo nuevo se abre ante nosotros, la promesa de la diferencia con el año anterior y la certeza que está vez sí que sí, los propósitos se van a hacer realidad. Todo puede suceder. Gracias al estreno del calendario podríamos hacer cosas como: ducharnos con agua fría, hacer ejercicio sin saltarnos un entrenamiento; ser más sociables; aprender a decir que no; a organizarse mejor (o organizarse menos, cada uno con sus retos); leer dos/tres/cuatro/cinco libros a la semana; dejar que la opinión que los demás tienen de nosotros nos influya; cuidarnos y cuidar más; comer menos procesados; salir más al campo; estar menos en las RSS; etc. Pero, como quizá se pueda comprobar, la cosa a mitad de enero no es tan sencilla.

¿Qué puede estar sucediendo?

Como aprendí estudiando historia: la multicausalidad (un evento tiene lugar por un conjunto de causas no por una sola) es una constante en nuestra vida. Es decir, son varias las causas las que se entrecruzan y ocasionan un fenómeno. Las obvias pueden ser una falta de claridad a la hora de establecer tus objetivos o ser demasiado ambiciosos. Sin embargo, encuentro dos enfoques reveladores para tomar conciencia de lo que ocurre.

Para conocerlo, debemos viajar al Londes del fin del año 1799.

En los últimos momentos del 1799, los segundos finales del fin de año se hicieron físicos y se desplazaron como hondas concéntricas por todo Inglaterra. Hicieron que con cada latido del engranaje del reloj el 1800, y su nuevo siglo, eclosionara sobre unos adormilados habitantes una serie de cambios abruptos. Así llegó el s.XIX, y todos los cambios aparecieron de golpe: de un clima apacible y dieciochesco, se pasó a un clima húmedo y oscuro; la hiedra sepultó a las casas, la oscuridad se cernió y “aparecieron las barbas y las perneras se estrecharon (…)” Algo así lo describe Virginia Woolf en su esplendida novela de Orlando.

Esto es ficción (o quizá no) pero demuestra muy bien una de las trampas mentales a la que solemos caer con el nuevo año. La ilusión de que un año es un nuevo territorio donde no existen las mismas leyes que han regido nuestro año anterior y cualquier cosa puede surgir por generación espontánea.

Quizá pensemos que pueden suceder cambios abruptos como si el nuevo año, por el mero hecho de serlo, fueran a cumplirse nuestros propósitos, que tendremos una circunstancia diferente o que seremos distintos como para poder llevarlos acabo. Y no es así, van a estar las mismas fricciones; es decir, el mismo trabajo o mismos estudios, y generalmente las mismas personas. Y, además, no seremos muy diferentes respecto al año (segundos) anteriores. De ahí parte, posiblemente, alguna que otra frustración porque lo que esperamos que suceda  con lo que sucede es muy diferente. 

Además, eso de esperar que tu yo del futuro sea capaz de algo que no has podido antes tiene un efecto perjudicial: el cargar a tu yo futuro de una responsabilidad sin un entrenamiento previo. Se espera de él unas habilidades, fuerza de voluntad y hábitos que a menudo no tiene. Al igual que con el fin de las campanadas no se cubrieron las casas de hiedra como ocurría en el Orlando de Woolf, tampoco tú, vas a ser sustancialmente distinto. Como decía J.L.Martínez Descalzo: la hiedra crece en la noche. Y, además, es lenta.  Y es ahí donde comienza a vislumbrarse otros caminos para poder hacer de los propósitos unos objetivos tangibles y alcanzables.

Conclusión

Los enfoques son muy importantes porque al final salpican y condicionan nuestra conducta.

En la segunda parte del artículo te cuento como el perseguir a un gato podría ayudarte a re-enfocar eso de plantearte nuevos propósitos y metas. Y te invito a sacar tu lado más estratega para que eso ocurra.  No obstante, si te apetece leer algo más sobre los propósitos, echa una vistazo a este otro artículo que preparé.  

Espero que este articulo te haya ayudado de algún modo a plantearte estas cuestiones desde otro enfoque. Estaré encantado de saber tu opinión abajo en los comentarios. Y si te ha gustado, puedes ayudar compartiendo el artículo o suscribiéndote a la newsletter.

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