DESARROLLO MÍNIMO

¿Qué enfoques vitales pueden ofrecernos los leñadores en pleno siglo XXI? Reseña atípica de El Libro de la Madera de Lars Mytting.

No se si también te pasará a ti, pero parece que nuestros días, generalmente, tendemos a rumiar constantemente pensamientos. Lo concreto de las cosas se vuelve difuso, nos embarcamos en digresiones entorno a las actividades que hacemos, a los fines y las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos, nuestro trabajo o aquellos con los que convivimos: ¿soy lo suficientemente bueno o buena? ¿cómo podría optimizar mejor el tiempo? ¿qué pensarán de mí? ¿estoy suficiente preparado o preparada? ¿hacia donde va todo este esfuerzo?

Entorno a diversas acciones cotidianas como escribir un ensayo o hacer una fase de un proyecto del trabajo, suelen aparecer inseguridades, comparaciones y diversas distorsiones. En algunas ocasiones, los procesos en los que nos embarcamos, aunque nos gusten, se recubren de molestia de fastidio o sufrimientos. Al final, llegamos como podemos a ciertas metas, pero no estamos ni un poco satisfechos ni con los resultados ni con los medios.

Y resulta que algunas de las claves respecto a las cuestiones nos la dan algunas de las actividades que se han tomado como tradicionales, aquellas que han sufrido pocas variaciones a lo largo del tiempo como la labor de los leñadores.

Estas cuestiones las plantea de un modo tangencial El Libro de la Madera de Lars Mytting. Reconozco que me adentré en el libro porque tocaba algunos temas que me interesan: la madera, el bosque, la leña, otros modos de vida en el presente. Leerlo ha sido una aventura técnica pero también existencial. Los reclamos publicitarios prometían algo que el libro realmente no ofrece, pero lo que da es mucho más. En este artículo-reseña te cuento que puedes encontrar en su interior y divago sobre algunas cuestiones que plantea una reflexión entorno a la concreción de las cosas o la importancia disfrutar del desarrollo así como qué es eso de las recompensas basadas en el esfuerzo.  

De lo que promete y de lo que se encuentra

Lars Mytting. Fotografía de © Svein Finneide

El libro se adentra en la madera como fuente de obtención de energía calorífica. Podría decirse que supone casi un manual para el aficionado leñador. Se habla mucho de madera, de obtención de kilowatios hora por madera consumida dependiendo de cada tipo de árbol; de cuándo es mejor cortar la leña; de estrategias de secado. Hay tablas, hay nombres técnicos de herramientas, por ejemplo, te dirá que significa que algunos pueblos de noruega sean «pueblos Sihl, pueblos Jonsered o pueblos Husqvarna” o que tipo de hacha es mejor según que técnica.

En verdad, uno de los principales objetivos es reivindicar la energía de la madera como energía limpia y sostenible gracias a las innovaciones de las estufas actuales y presentar los beneficios y conexiones emocionales vinculadas al ejercicio de buscar, talar y preparar tu propia madera para tu estufa. (No obstante, hay que mencionar que habla específicamente de los países nórdicos ya que por densidad demográfica y estado forestal podría ser sostenible, no así en otros lugares. Del mismo modo, se habla desde un pleno respeto a los bosques y el delicado equilibrio en los ecosistemas.

Sea como fuera, entorno al fuego surgen otra serie de reflexiones, algunas miran respecto al pasado, a la tradición o al cuidado de otros seres humanos. Y, por supuesto, se habla de la vinculación con la naturaleza. Sin embargo, hay una serie de ideas a priori contraintuitivas pero que es lo que le aporta quizá esa transcendencia que algunos han visto.  

El valor intrínseco de los efímero y la acción en sí

 “Nunca lloro al quemar un leño perfecto. No es mala idea estar en contacto con lo perecedero también.”

Cuando el leñador quema los leños podríamos pensar que también quema con ello mucho esfuerzo: talar árbol, mantener herramientas, trasladarlo hacia la casa o el área de secado, esperar meses a que el grado de humedad descendiera, cortarlo en una dimensión tal que pueda entrar en la estufa, llevarlo a la leñera o al interior del hogar. Mucho esfuerzo para que al final acabe quemado ¿no? Pero es justo ahí donde está la clave. Lo que deja entrever es una interesante relación con las finalidades. Por un lado, muestra cierto desapego con la finalidad y, por otro lado, una gran claridad respecto a cuál es la finalidad concreta de este ejercicio: obtener calor. No hay más, ni inseguridades, ni expectativas. Tan solo la finalidad.

La segunda idea que se desprende es la del amor por el desarrollo. Si que podría haber otros modos más sencillos de obtener ese calor, pero hay otras cosas vinculadas a él.  Los  leñadores, al menos los que entrevista Mytting, se siente satisfechos en el bosque, disfrutan de las acciones vinculadas a la obtención de la leña. 

Pienso en todas las veces que ante intentar llegar a alguna meta, su desarrollo se obvia, aunque se pudiera encontrar placer. El desarrollo pasa ser algo molesto. Y el fin ultimo se desvirtúa porque le ponemos muchas más connotaciones de la que de verdad tiene. Creemos que las finalidades se juegan muchas cosas de notros mismos. Por ejemplo, en mi caso la escritura. Aunque es extrapolable a muchas cosas. La escritura es un medio que desarrollo para transmitir una serie de mensajes. Sin embargo, a veces es ardua y frustrante. Al fin y al cabo, en torno a eso, hay más dudas existenciales, frustraciones, perfeccionismo o incluso sentir que no hay tiempo para poder disfrutar de lo que implicaría el proceso de escribir.  

Entonces, el leñador nos da otros ejemplos de la importancia de los desarrollos, de tener clara las finalidades y como dice la frase: estar en contacto con lo perecedero y no apegarse demasiado a tus finalidades.

Sobre las recompensas basadas en el esfuerzo

Mucho se habla de formas de optimizar el tiempo y los procesos. Y en verdad, es un bien totalmente ineludible. El problema es cuando esa mentalidad se extiende a diversos ámbitos e impide una sana relación con el esfuerzo. Decía Lars Mytting en relación a estas labores de las que viene hablando:

“Requiere mucho esfuerzo, sí, pero ¿acaso tuvimos nuestras mejores experiencias en momentos en los que todo resultaba sencillo? De hecho, ¿no es particularmente gratificante para el hombre moderno practicar un trabajo ascético que se ha realizado de la misma manera desde el inicio de los tiempos? Un trabajo manual y medio pesado procura una serenidad que raramente se encuentra en las profesiones de hoy día. En la vida, ya sea en el trabajo o en casa, uno siempre puede ir un poco más allá.”

Aquí hay dos cuestiones muy interesantes y que están perfectamente imbricadas. En primer lugar, sin querer hacer una oda al sufrimiento, sí que es cierto que las dificultades y aprender a manejarlas entrañan un crecimiento personal superior a los entretenimientos sencillos y a los atajos. Esta idea me parece bastante vinculada al estoicismo. También, en general, tendemos a tener algo distorsionados los circuitos de recompensas y satisfacciones porque estamos expuestos a gratificaciones que no depende de esfuerzos, por ejemplo, las redes sociales (muy bien explicado en el Documental de Social Dilema). Ya lo decía entre otros Mark Manson ,pero una buena relación con los aspectos menos luminosos de la vida nos brinda equilibrio. Aunque claro, no es del todo nuevo, nuestros amigos estoicos ya reflexionaron sobre estas cuestiones.

La segunda parte de la cuestión viene relacionada con respecto al trabajo pesado y su serenidad. Y es curioso lo que he encontrado al respecto. Kelly Lambert escribió  un artículo donde exploró en qué medida estaba vinculado el incremento de la depresión en la sociedad occidental actual con el descenso de las recompensas basadas en los esfuerzos.

Las recompensas basadas en los esfuerzos, como se intuye, son todas esas recompensas que se obtienen tras un esfuerzo. En las premisas del artículo, sugiere que en siglos pasados (o sociedades actuales, pero en otros entornos geográficos) el nivel de actividad física necesaria para poder satisfacer necesidades básicas era muy alta en comparación con nuestra sociedad tecnológicamente avanzada y orientada al servicio. El sentir una intensa gratificación ante un esfuerzo es una estrategia evolutiva de la que aún no nos hemos despegado. Nuestro cuerpo no se ha adaptado al nuevo estado actual de las cosas. El leñador, aun aficionado, se circunscribe a esta experiencia en una actividad física vigorosa que le trae aparejado un beneficio vital.  No quiero decir que vayamos en desbancada a deforestar bosques para hacer honor a nuestros viejos mecanismos evolutivos (no soy de esos). Pero si es un conocimiento que podemos usar en nuestro favor, para mentalmente, pensar otros modos de relacionarnos con los esfuerzos.

También, podemos reflexionar en que medida algunos esfuerzos físicos (sí podemos realizarlos) vinculados a obtener un beneficio vital puede ayudarnos de vez en cuando. Pienso en el huerto. He podido hacer labores de huerto en dos totalmente distintas: en un huerto urbano y otro rural de mayor extensión en plena naturaleza. En ambos, otros compañeros hortelanos siempre decían los beneficioso que es el huerto, que aún las penas y ciertas frustraciones la satisfacción son grande.  Y en el huerto agrícola en el que participé estuvo repleto de problemas, de trabajo y bastante esfuerzo.  ¿Fue gratificante? Mucho. En este sentido, también en el andar varios kilómetros para adquirir algo necesario, no solo para pasear, puede ser algo interesante para poder experimentar algo parecido y repensar nuestras concepciones de distancia, tiempo y esfuerzo.

Conclusiones: equilibrio entre vida material y mental

Quizá eso de la leña tenga algo de trampa porque en verdad: “Las frustraciones diarias entran en la leña y más tarde en la estufa. Una de las cualidades mas maravillosas de la madera es que se acabará quemando. Nunca la estudiará un comité, nadie la comparará con un leño de la competencia. En algún momento del invierno, los leños que quedaron mal cortados o que partiste con mano torpe arderán en la hoguera y darán idéntico calor que los perfectos”.

La reflexión con la que me quedo es la importancia de un buen equilibrio entre lo físico y lo intelectual. Muchas veces las abstracciones o seguir nuestro discurrir de pensamientos nos puede conducir a callejones sin salida. Un buen equilibrio con experiencias físicas nos puede proporcionar una perspectiva muy distinta. Quizá por eso ciertas prácticas manuales vinculadas a labores más tradicionales han vuelto a ser un presente; estar en contacto con la naturaleza y con la vida que hay más allá a nuestras realidades cotidianas. Algo que nos ubique de nuevo en la concreción y nos saque de nosotros vivos. Existe una abstracción total es con los trabajos manuales: manejar barro, trabajar masas de pan, hilados, etc.  

También me quedo, sin duda, con una de las lecciones más complicadas que es el disfrutar de los procesos. Esa es en sí una tarea en eterna construcción. Pero qué tarea.

¿Qué opinas? Cuéntame qué te ha parecido en los comentarios.

 

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