DESARROLLO MÍNIMO

Ansiedad por el tiempo: cuando el paso del tiempo nos pesa (y mucho). Herramientas conceptuales y prácticas para una buena relación con el tiempo.

Los segundos. El reloj. Los días. El calendario. El tiempo es esa magnitud (magnitud: implica que algo se pueda medir) que tiene una vertiente física y otra irremediablemente emocional. El paso del tiempo nos envuelve, sin embargo, el tiempo es veces un foco que nos suscita emociones negativas.

Por ejemplo, cuando el tiempo va pasando, las horas se suceden y sientes que no has hecho todo lo que tenías pensado hacer (otra vez). O quizá cuando el tiempo se ha escapado y no se ha aprovechado de manera correcta, esa especie de vergüenza por no aprovechar el tiempo de manera “eficiente”. El tiempo que pasa es como si fuera corrosivo, como si a su paso estuvieras indefenso.

Por otro lado, esta otra cuestión por el tiempo, más vinculada a lo que se esperaría de nosotros en cada época que la sociedad marca como normativo: pareja-casa-niños-hipoteca-trabajo estable (no siempre en ese orden, pero sí esos elementos). Solemos entonarnos melodías como: “no, mi tiempo de estudiar ya pasó”; “qué hago aprendiendo tal cosa, debería haber empezado hace diez años” (da igual que tengas 20 o 40, nos lo decimos igual). Al final, la idea que flota es la siguiente: es demasiado tarde para mí.

Todos estos elementos conforman un mosaico que se conoce como “ansiedad por tiempo”. Tiene diferentes repercusiones en nuestra vida y puede deberse a diferentes motivos. Si te has sentido identificado en algún punto te invito a que leas este post donde vamos a describir cuáles son los tipos ansiedad por el tiempo más frecuentes y a qué puede deberse. Y justo para acabar, algunas herramientas conceptuales y prácticas

PD: La ansiedad es algo serio y aún más cuando es generalizada. Si el tiempo o cualquier otra cosa te paraliza en exceso, no hay nada mejor como un buen terapeuta.

2. Qué es la ansiedad por el tiempo

En resumidas cuentas, podríamos decir que hay cuatro vertientes en esto de la ansiedad por el tiempo que suelen aparecen entremezcladas. Las tres primeras las he extraído de Ness Lab y Jory MacKay. La cuarta de Miriam Subirana.

  • Ansiedad corto alcance: correspondería a un tiempo corto, en el mismo día. Sería aquella ansiedad la que se relaciona con no tener suficiente tiempo a lo largo del día como para poder hacer todo lo que nos hemos propuesta. Fomenta un tiempo de sentimientos vinculados al estrés y al sobrecogimiento.
  • Ansiedad por el tiempo a medio plazo: es ese tipo de ansiedad de encontrarse paralizado por pensar que sólo tus acciones de hoy van a repercutir en tu futuro a medio plazo. Por tanto, el peso de cada una de tus acciones que haces hoy te pesa y paraliza, pues un error en lo que haces o en no aprovechar tu “oportunidad”, va a afectarte demasiado.
        • Tienen otra ramificación: la de ser demasiado tarde para aprender o emprender algo porque tu tiempo ya pasó: aprender un idioma, comienza a desarrollar una habilidad o hacer un cambio relevante en tu vida.
  • Ansiedad por el tiempo a largo plazo: es la sensación de que el tiempo se acabara, que la vida es un lapso breve y que da igual que hagas lo que hagas, al final acabará acabando. Al final eso suele asumirnos en nada vale y que todo esfuerzo es inútil.
  • Ansiedad por el tiempo libre: es esa presión y esa mala sensación cuando se tiene tiempo libre o se está de vacaciones y uno es dueño de su tiempo. Quizá te reconozca teniendo ansiedad por no saber muy bien como emplearlo y se acaba por “desperdiciarlo”. Al final, se genera esa culpabilidad por haberlo desperdiciado cuando acaba ese momento de tiempo libre (Miriam Subirana, El País).

3. ¿Qué hay detrás? conceptos muy cerrados sobre el tiempo y la vida

Todas lo anterior tiene un punto común: la necesidad de que nuestro tiempo sea significativo. Es decir, nuestro deseo que este sea útil, valioso y que nos produzca rendimiento. Y aquí debo confesar: lo descrito me es muy familiar ya que el tiempo me ha sido un factor limitante a veces: querer exprimirlo me daba ansiedad, miraba cada segundo, contabilizaba el tiempo destinado en cada tarea y cuando lo perdía sufría una severa frustración.

En la actualidad, y para algunas personas, hay cierta tendencia por invertir (ojo que es una palabra que proviene del mundo económico) de la mejor manera posible cada recurso que tenemos. Y uno, como no puede ser de otra manera, es el tiempo. Sin embargo, es menos frecuente que nos paremos a analizar que significa la palabra “valor” para nosotros o que significa tiempo.

A este enfoque, le acompañan otros. Por ejemplo, en nuestra la sociedad occidental hay una serie de valores asociados, no solo al tiempo, sino a cuando es bueno hacer ciertas cosas o cuando no.

Hay ciertas normas que indican que hay cumplir con los ritmos vitales propuestos: trabajo, casa, hipoteca, coche, niños, con un orden concreto. Por ejemplo, se cree que hay ciertas habilidades que se aprenden desde joven, y si tu deseo es hacerlo en otro momento es un intento frustrado pues los resultados no van a ser excelentes. Se nos dice que para ciertas profesiones o hobbies hay que ser joven y deslumbrar, por ejemplo, escritores o artistas. Aunque claro, a todo esto, ¿quieres deslumbrar o quieres vivir bien? Nunca es tarde para comenzar algo, no podemos prever su finalidad por mas que a veces nos creamos adivinos.

En definitiva, y para resumir, parte de esta ansiedad por el paso del tiempo se debe a un desajuste se vinculado a los valores que tenemos respecto al tiempo y a lo que es la vida.

Los esquemas rígidos no son una constante histórica, sino el cambio constante y el dinamismo. No hay un solo esquema valido. Sino muchos. Los valores cambian, y no solo entre épocas, sino también entre individuos. Quizá lo bueno que tenga el periodo en el que vivimos es ser participes de una eclosión de nuevas maneras de vivir y de entender las cosas que nos rodean, entre ellos, los valores y los esquemas conceptuales respecto al tiempo, la vida y lo que les presupone de valor.

¿Qué se puede hacer?

Si te has sentido de algún modo reconocido, hay algunos casos que se pueden hacer.

A un nivel mental y de acción.

Conceptuales:

  • Aceptación de que es el tiempo y comprender lo que es: el primer paso para resolver cualquier cosa es comprenderla. Así que uno de los primeros pasos para mí es entender qué significa el tiempo y qué valores tienes tú asociados a él. Dedica un rato a reflexionarlo.
  • Define que es lo que es invertir bien y mal el tiempo: ¿qué significan para ti ambos elementos? Ante qué cosas sientes que te desencadenan problemas con el paso del tiempo. ¿Qué es lo que hace que te sientas bien con cómo haces con el tiempo? ¿Qué cosas no haces y te gustaría hacer porque crees que es demasiado tarde?
  • ¿Pierdes el tiempo o tienes abundancia de actividades? Enumera tus obligaciones diarisa, disponlas como un horario. A veces no lo hacemos porque no queremos perder tiempo (¿ves?) o por pereza. Sin embargo, es una tarea muy interesante porque te da claridad. Quizá parte de tu sensación de ansiedad diaria sea porque quieres o necesitas calzar demasiadas cosas en un escaso margen de tiempo. En ese caso, no te pidas más de lo que físicamente puede darte el tiempo.
  • ¿Eres un satisfizador (traducción libre) o maximizador? Unido a lo anterior, se plantea una interesante pregunta y tiene que ver a cómo tomas tus decisiones. Los maximizadores son un tipo de la personalidad que buscan continuamente las mejores opciones y no dejan de sobreanalizar cualquier cuestión para sacar el máximo beneficio. Esto está bien, el problema con los maximizadores es que en esa búsqueda se pierden en la parálisis por análisis. Además, que el sobreanálisis no implica elegir mejor. Los satisfizadores, por el contrario, aún queriendo elegir lo mejor posible, no intentan mirar más allá, sino que tienden a hacer análisis basados en sus necesidades actuales. No ven que cada decisión que toman en su día tiene repercusiones fundamentales y trascendentales para el mañana. Esa levedad les da parte de su éxito, pues les permite decidir y actual día a día. Al final, esto se vincula con el tiempo, porque parte de nuestros sentimientos respecto a él tienen que ver no solo con valores asociados, sino también con lo que decidimos hacer con él. Ciertos patrones de decisión pueden comprometer nuestra relación con el tiempo.

Prácticas

  • Bloquear distracciones: drenan tiempo y energía para lo que realmente te importa. Para eso, aplicaciones que te impidan estar con redes sociales mientras haces cosas; evitar la multitarea.
  • Hacer cosas que crees que es perder el tiempo: quizá sea practicar ese hobbies que has creído que era demasiado tarde, o leer ese libro que no te va a reportar un beneficio a largo plazo. Rétate a hacer esas cosas diferentes. Dales ese espacio que se merecen en tu vida librándolas del paradigma de la ganancia o el valor extrínseco. El valor se lo das tú.
  • Entierra al reloj: ¿El reloj? No, gracias. Procura hacer actividades sin reloj (o sin mirarlo). Aunque estaría bien ponerse  una alarma para avisarte cuando tengas que irte o hacer otra cosas.  Y en este sentido, quizá estaría bien explorar otras formas de medir el tiempo: velas, inciensos o relojes de arena. Tienen una carga conceptual diferente, son menos precisas pero también menos angustiosas.  

Conclusión

Un sabio dijo una vez “Solo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado”. El sabio era Gandalf El Gris de “El Señor de los Anillos”. Nuestro tiempo en esta vida es limitado, y tener presente nuestra finitud puede ser interesante a la hora de saber ponderar las cosas importantes de las accesorias. Sin embargo, en nuestra sociedad el tiempo no solo se ha acelerado, sino que también pesa más.   

Saber elegir y relacionarnos con nuestras concepciones de tiempo, así como saber desde donde nacen las decisiones que tomamos respecto a él garantizan que esta relación sea armoniosa o por el contrario esté repleta de ansiedad y tensión.

Cambiar los paradigmas que tenemos respecto al tiempo, las decisiones, lleva su tiempo. Es algo lento. Requiere paciencia y acciones. Pero al final, las cosas lentas son las que más lejos nos llevan.  

 

Espero que hayas sacado algo de utilidad e interés en este  artículo.

Recibe cada jueves en tu correo el Boletín Mínimo

Suscríbete al Boletín Mínimo, una newsletter de envío semanal sobre productividad consciente, mentalidad y aprendizaje. Cada semana te cuento novedades y descubrimientos.

Nada de spam, solo un envío semanal. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *