DESARROLLO MÍNIMO

Los misterios de la percepción del tiempo- los diferentes significados del tiempo y cómo te pueden ayudar

¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?

Cortázar, “El perseguidor” en Las armas secretas, Cuentos Completos, Alfagura, Madrid, 1998.

El tiempo es una magnitud que se mide a través de los relojes. Sin embargo, su paso se percibe de muy diferentes maneras.  

Cuando esperamos el paso del tiempo se enlentece haciendo que tres minutos parezcan media hora; por el contrario, cuando disfrutamos o estamos inmersos en un concierto o en experiencia sensorial ocurre lo que mencionaba Cortázar en «El Perseguidor», que en 15 minutos caben en lo que nosotros sentimos han sido un minuto y medio. En otras ocasiones, el paso del tiempo se acelera y se nos escapa de entre las manos.  Entonces, hay una disonancia entre el tiempo como magnitud y el percibido.  Esto hace que en ocasiones sintamos cierta ansiedad por el tiempo, pero este post va de otra cosa.

Este artículo hago una primera aproximación a uno de los temas que más me interesan: el tiempo y su percepción. Para ello, algunas preguntas: ¿Por qué percibimos el paso del tiempo de diversas maneras? ¿Qué tiene que decir la neurociencia en este sentido?  ¿Quiénes fueron Kronos, Aión y Kairós y porqué nos son tan relevantes? ¿Qué podemos hacer para manipular nuestra percepción del tiempo? Si te interesan estos temas, continúa leyendo.

¿El tiempo es elástico?

Quizá el tiempo no es elástico, pero sí que lo es nuestra percepción sobre su paso. Ya sabéis, hay ciertos momentos en los que el tiempo se percibe rápido y furioso y en otras ocasiones su paso es lento. Por más que miremos el reloj (o incluso el calendario) parece que el tiempo es tan denso que apenas se mueve. A Claudia Hammond  en Time Warped: Unlocking the Mysteries of Time Perception le interesó estás cuestiones sobre la percepción del tiempo y trató de resolver la pregunta: ¿cuáles son las variables vinculadas a la percepción del paso del tiempo a nivel cerebral?

Hammond, desde el punto de vista de la neurociencia, estipula que el cerebro tiene sus fórmulas para medir el paso del tiempo y es a partir de contabilizar el número de operaciones neuronales que realiza. Es decir, cuantos más procesos realiza más lento percibimos el paso del tiempo. Por ejemplo, si el cerebro tiene que interiorizar diversa información, procesarla, generar posibles  respuestas y elegir una, el tiempo pasará más despacio. Este fue el motivo por el cual un piloto al entender que iba a estrellarse percibió esos segundos en los que tardó en decidir cuál iba a ser una maniobra como minutos antes que los segundos que realmente pasaron.  Esta es una idea algo contraintuitiva ya que tendemos a pensar que  más es más: un mayor número de operaciones, más rápida sería la percepción del tiempo. Y no es así. Otros ejemplos serían cuanto estamos ante algo que nos da terror. El tiempo pasa lento porque valoramos posibles respuesta o huidas. O cuando nos aburrimos, porque no dejamos de analizar qué podemos hacer.

Aunque hay otros factores que entran en juego, continúa señalando Hammond. En este sentido, la elevada temperatura,  parece estar vinculada a que el tiempo se perciba más lento. O incluso la dopamina pues rangos bajos hacen que se crea que ha pasado menos tiempo del que ha ocurrido en verdad y a la inversa, cuanto mayor dopamina, tendemos a pensar que el tiempo ha volado más de lo que lo ha hecho.

Sea como fuera, tenemos un reloj interno que lleva la cuenta del transcurso del tiempo. Está situado en el lóbulo frontal y salvo que haya un daño, suele llevar bastante bien la cuenta del tiempo. Sin embargo, es un reloj muy sensible a estímulos externos, como la luz del día y los ciclos de día y nocturnidad. Y por supuesto, es aún más sensible, a nuestro estado psicológico ya que puede desorientarlo.

Hasta este punto, hemos entrado en nuestros cerebros para entender algunos de los motivos por los cuales se percibe el tiempo de maneras tan diferentes. Pero el tiempo y su experiencia pueden entenderse de otras maneras.  Porque, ¿Y cuándo el tiempo pasa enfurecido arrasándolo todo? ¿Y con esos instantes de gloria en los que el tiempo se detiene? Ahí está parte de la cuestión. Hay más formas de hablar sobre el tiempo, pero para ello hay que mirar a ese lugar recóndito pero que habita dentro de nuestra cultura: la antigua Grecia.

De los dioses Kronos y Aión y del duendecillo llamado Kairós

Diversas generaciones de la antigua Grecia elaboraron un complejo panteón repleto de dioses  que alumbraron conocimiento respecto a diferentes cuestiones del ser humano. Entre ellas, hay tres deidades que tienen que ver con el tiempo, ya que lo encarnan. Una suerte de metáfora que se despliega en nuestros días y que aun tiene mucho que contarnos. Amanda Núñez trazó este recorrido del cual parto a continuación

En primer lugar, tendríamos a Kronos es el dios del génesis, del inicio y de la pura acción. Pero también del lo finito. El que fuera padre de Zues, se le ha representado como un titán que se alimenta de sus hijos motivado por la profecía de que alguno de ellos se le sublevaría. Se podría decir que es el tiempo del reloj, el tiempo que avanza, el tiránico. Según Amanda Núñez o Eugenio Moliní es el tiempo del “tengo que hacer”, de las obligaciones y de los objetivos.

Su contraposición sería Aión, una deidad que le suele representar como una persona anciana pero también como joven que sostiene el zodiaco, pues en si mismo es un anciano y joven: es la eterna juventud y el futuro. Es una idea de eterno retorno, de círculo, como las estaciones, que se repiten constantemente. No es un dios belicoso ni que se base en la violencia para poder existir. Se le suele vincular con los momentos de placer en los que el tiempo rígido (Kronos) desaparece ya que son antagonistas. Cuando uno está, el otro desaparece.  Y otra idea muy interesante, también se le vincula con las acciones en si mismas, con las cosas que hacemos, pero no por ello se acaban, por ejemplo: amar. Es una actividad, un verbo que en principio no es un objetivo cerrado en si mismo, y aunque se haga, no perece, no se acaba. O por ejemplo, y rizando el rizo, leer, aunque leamos, no acabamos la acción. Aunque leamos miles de libros, siempre continuaremos leyendo, pues el hilo conductor es lectura.

La tercera deidad es en verdad un duencedillo o lo que sería para nosotros una deidad menor: Kairós. Se le representa como un adolescente con unos zapatos alados y prácticamente calvo salvo por un mechón de cabello. Hace referencia a su velocidad y por lo difícil que es atraparlo. Es hijo de Zeus (hijo de Kronos) y de Tike (diosa de la fortuna) por tanto, podría decirse que es nieto de Kronos. Sería el encargado de hacer que la fortuna nos sonría. Y, sobre todo, según Amanda Núñez, es el que hace que del tiempo de Kronos nos deslicemos hacia el tiempo de Aión. Es lo que es lo mismo, es el puente que nos conduciría del territorio gobernado por Kronos al territorio regido por Aión. Lo suelen vincular también al momento oportuno, la ocasión precisa, cuyo ejemplo más visual sería el momento en el que se toma una ola. Si se toma antes de tiempo, te caerías, y si lo intentas más tardes la perderás. Es un parpadeo.

¿Cuál sería la deidad que con mayor frecuencia domina tu tiempo?

Quizá sea frecuente que nos encontremos bajo el gobierno de Kronos, el tiempo que a veces se siente como erosivo. Aunque, por otro lado, lo que nos gustaría habitar con mayor frecuencia es el reino de Aión, el de los procesos o toparnos de vez en cuando con a Kairós para que haga que nos sonría la suerte y que nos deje habitar más tiempo en la tierra sin tiempo.

¿podemos variar nuestra percepción del tiempo?

En otras palabras: ¿cómo podríamos percibir de otra manera el tiempo? Según Hammond, la percepción del tiempo es maleable y podemos tener un papel activo, dentro ciertos contextos, para cambiar lo  Y siguiendo el desarrollo de las deidades griegas, podemos encontrar puentes entre esa tríada del tiempo. En mi caso, trató de alejarme de la influencia de Kronos. Y estoy experimentando con estas cosas:

 

  • Una buena sincronización reloj interno natural: para mí es la principal, aunque la menos obvia. Podríamos ayudar a nuestra percepción intentando equilibrar nuestro reloj interno. Para ello, un buen inicio sería respetar en la medida de lo posible los ciclos naturales de luz y oscuridad o, al menos, respetar nuestros ritmos circadianos (Marcos Vázquez de Fitness Revolucionario lo explica muy bien). En este sentido, no podría faltar la exposición al sol en la mañana y declinar nuestra actividad cuando oscurece. Así mismo, evitar pantallas azules por las noches. 
  • Buscar a Aión. En muchas ocasiones, esta deidad se ha vinculado con las experiencias artísticas, con el puro goce de la música o el hecho de práctica un instrumento o bien realizar algún trabajo manual. El motivo es porque lo que importa es la acción concreta. En ese tránsito, el tiempo se apaga. Y ocurre esa magia que dejamos de percibir el tiempo y parece que viajamos a otro espacio. Es como el embrujo de un concierto en música en directo, en el que el tiempo se esfuma para regresar cuando las últimas notas acaban y los aplausos rompen, parcialmente, el hechizo.
  • Hacer algo todas las semanas que te saque del tiempo: buscar esas experiencias anteriormente relacionadas con Aión, tratar de vislumbrar qué es aquello que a ti te funciona. Puede ser hacer algún tiempo de artesanía; disfrutar de paseos conscientes sin teléfono móvil y sin reloj; o, puede ser un momento con tus seres queridos. Lo importante es explorar y que sea algo que puedas hacer, sí o sí, cada semana.
  • Construir nuevas memorias: a veces nos olvidamos rápidamente de lo que ocurre. Nuestra época se marca en la aceleración diaria, en la sucesión rápida de acciones, eventos, noticias pero que caducan con prontitud. Digamos que esta nuestra época esta marcada por el cetro de Kronos. Algo que se podría hacer sería cada día escribir aquello que te ha sucedió y que consideras un pequeño hito, o bien tratar de plasmar aquellos momentos en los que has percibido como que el tiempo no ha pasado. Particularmente, esto  me da una perspectiva diferente, pues me obliga a estar muy pendiente y atento a cuando aparece Kairós por mi lado para poder expresarlo. Y sobre todo, cuando releo el diario, me doy cuenta de las cosas que han sucedido. 
  • Naturaleza. La naturaleza tiene unos ritmos diferentes, marcados por la sucesión de las estaciones y procesos único de cada especie vegetal y animal. Una manera también de recuperar otros ritmos vitales más lentos, o al menos donde la aceleración y el paso del tiempo más vinculado a Kronos no tengan tanto peso, es acercarse a la naturaleza. Puede ser con inmersiones en bosques o en áreas naturales o rurales. También, tener la experiencia de cuidar a un vegetal y contemplar su lento desarrollo te dará una perspectiva diferente del paso del tiempo. 

 

Y tú, ¿qué pones en práctica para salirte del tiempo?

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