DESARROLLO MÍNIMO

El error más grande que he estado cometiendo.

cuánto pesan los errores

¿Cuánto pesa un error? ¿Qué forma tiene? ¿Qué volumen ocupa en nuestro interior?

Quizá uno de mis mayores miedos ha sido cometer errores y, sobre todo, sentir aquello suelen venir aparejado: dolor, vergüenza, sentimiento de fracaso, etc. Al final, poco a poco, te vas exponiendo menos a cualquier cosa que sea susceptible de suscitar un fallo y precisamente es lo que hace que te pierdas oportunidades de crecer y aprender.

Y ese ha sido uno de los mayores errores que he cometido, el querer evitar el fallo.

Nuestra capacidad de aprendizaje viene determinada por nuestra relación con los errores. Y no solo eso, nuestra capacidad de crear, de atrevernos y de tomar las riendas de nuestras vidas.

Descifrando el dolor al error

Un error, un fallo, una equivocación. Estas son distintas palabras para designar lo mismo: cuando no se consigue ofrecer una respuesta adecuada a una situación o a un problema concreto. Los escenarios pueden ser muchos, ya sea un problema académico, laboral, o resolver una situación social. Podemos equivocarnos al elegir, podemos errar al decir algo alguien, podemos pifiarla, liarla o cag*rla. Y así pasa. Es una constante en la vida de todos. El problema es cuando a veces nos pesa tanto que nos imposibilita seguir cometiendo errores y, por tanto, aprender.

En parte, esa mala relación con los errores puede provenir de ciertos contextos educativos. Sin querer culpar a la educación que hemos recibimos, lo cierto es que por causa de la estandarización de la educación y su intento de homogeneizarla (es decir, poder ofrecer una educación universal a gran escala bajo un mismo curriculum), se han penalizado las respuestas inadecuadas o que se han salido de las respuestas requeridas que, en muchas ocasiones, estaban basadas en la memorística. Aunque, todo hay que decirlo, esto está empezando a cambiar.

El fallar duele. Duele, desconcierta, nos hace sentirnos mal. Que levante la mano quien no ha sentido que su autoestima se resquebrajaba por cometer un fallo. Yo mismo la alzo. En un artículo de The Guardiancomentaban que este dolor emocional al fallar puede ser precisamente por la vinculación que existe entre cometer un error y la vulneración de nuestra autoestima.  Según este enfoque, el hecho de sentirnos humillados delante de otras personas, y quizá incluso rechazados, es lo que provocaría este dolor y este temor al fallo. Y lo cierto es que, en algunas personas, el rechazo por parte de los demás puede doler casi tanto como el dolor físico ya que se activan las mismas áreas cerebrales.

Sin duda, lo que más se debilita con nuestros errores es la imagen de nosotros mismos. Evitarlos sería por tanto una manera de proteger nuestra autoestima. En este sentido, nuestra autoestima no solo se podría dañar por el sentirnos humillados respecto a los demás, sino también por nosotros mismos. Según Susan Krauss Whitbourne, y señalando a su vez a Hamlet (personaje de la obra de Shakespeare): “no existe nada bueno o malo, pero el pensamiento es lo que lo hace”. Si revisamos nuestros conceptos respecto a lo que implican los errores, seguramente encontremos que errar para nosotros implique un fallo personal, algo que nos invalida como personas. Cometer un error podría poner en funcionamiento ese pensamiento distorsionado: “ves, has cometido este error, se cumple la profecía: no vales para esto” o “eres un desastre, ves como no haces nada bien”.  

Pero ¿es esto cierto? Un error no implica que haya algo intrínsecamente mal con nosotros mismos. Además, no se cometen fallos por un solo motivo, sino que puede haber muchas causas: por necesidad de aprender mejor algo, por necesidades de incorporar nuevas reflexiones y actos a nuestras vidas, por descuido, por desconocimiento, etc.

En algunos casos, incluso hay fallos que atribuimos como propios y no tienen porqué serlo.  Solemos mirar las pautas sociales o lo que es común para valorar nuestros errores y nuestros aciertos. Y, resulta que hay cosas que son más relativas de lo que cabría que esperar, que hay cosas que no son aciertos o errores, sino que depende de otros factores más subjetivos. Por ejemplo, algunas decisiones que tomamos como querer cambiar de estudios o de trabajo. Para muchas personas esta acción podría ser un error, sin embargo, para ti, podría ser el paso más certero que llegarías a dar.

El error de evitar el error

El miedo a cometer errores (sea por perfeccionismo o no) conlleva la equivocación más grande: la de no actuar. Es un lastre para nuestro desarrollo personal e intelectual. Si no hay escenario donde equivocarse, no habrá errores, pero tampoco aprendizaje.

Cuanto más pesa un error, más tendemos a evitar lo que ocasiona: puede ser hablar en público, probar una habilidad nueva, aprender y refinar el aprendizaje de un idioma, tomar una decisión… cualquier cosa. Pero si no hablamos en público, seguiremos estamos paralizados la próxima vez que tengamos que interactuar; si no cometemos errores al aprender un nuevo idioma, no podremos refinarlo. Si no tomamos una mala decisión, no podremos valorar qué ha fallado para que sea diferente la próxima vez.

Evitar la posibilidad de fallar, es evitar la maravillosa oportunidad de sumar experiencias y aprendizajes. Si nos aislamos, si nos bloqueamos, si ante un error evitamos aquello que lo ha causado, terminamos por reducir nuestras posibilidades de aprender.

Cambios de enfoque

Nuestras concepciones respecto a lo que significa errar es lo que determina nuestra relación con los fallos. Hay algunos cambios de enfoques que, con paciencia, se pueden quedar a vivir con nosotros. A mi me han servido, y me sirve como ruta de guía:

  1. Cometer errores es algo que nos une a toda la humanidad, no somos perfectos. Nadie nace sabiéndolo absolutamente todo o teniendo un comportamiento sin mácula. Puede parecer que hay personas que no cometen errores, pero esto no es así. En ocasiones, estamos sesgados por el aurea que emanan ciertas personas y en las redes sociales o en hecho de que en ciertos medios de comunicación solo se ven casos de excelencia sin errores. La escalera hacia la excelencia se construye a partir de horas de dedicación, de equivocaciones y de pulir habilidades. Todos nos equivocamos y esto ni nos ensalza ni nos derriba de ningún pedestal: nos iguala.
  1. Error = oportunidad de aprendizaje. Ver los errores como una oportunidad de aprendizaje es un cambio muy valioso. Para ello, es bueno desarrollar una pequeña metodología personal para aprender efectivamente. Por ejemplo, en muchas ocasiones solemos cometer los mismos errores constantemente. ¿Qué tienen en común todos estos errores?, ¿cómo habrías tenido que actuar o que tendrías que haber hecho para no cometerlo?, ¿qué es lo que deberías incorporar a tu vida para no seguir cometiéndolo? Si es académico o profesional ¿qué habilidades deberías desarrollar? ¿a quién podrías pedir ayuda?

  2. Dejar el yo de lado: En el aprendizaje no hay nada mejor que dejar el ego descansar. Entender que los errores no nos hieren, sino que nos dan oportunidades para aprender, refinar, incorporar unas nuevas experiencias… Podemos entender que nuestro aprendizaje constituye nuestra autoestima, pero los errores están dentro de este viaje y no tienen porque repercutir a esta. Cuando estés tentado a decirte cosas desagradables, nada mejor que contestarte: no tiene nada que ver conmigo sino con mis habilidades, vamos a ver qué podemos aprender.

  3. Preguntar y aprovechar cualquier circunstancia: Cuando alguien nos esté descubriendo de nuestro error, siempre podremos preguntar y extraer toda la información que podamos. Y por supuesto, confrontarla (con humildad) con nuestras opiniones. Si una vez analizado entendemos que nos hemos equivocado, bienvenido sea, estamos aquí para aprender. Y si aún así seguimos creyendo que tenemos razón, aprovecha la oportunidad para debatir y confrontar nuestras ideas.

  4. No apegarse demasiado a los resultados: Los errores normalmente se comprenden cuando el proceso está acabado, cuando obtenemos un resultado y este no era el adecuado o el resultado no es el correcto. Parte de este pensamiento obvia los procesos, las metodologías, las búsquedas. Desapegarse, parcialmente, de los resultados puede ser una buena idea para atrevernos a cometer más errores en esa búsqueda del aprendizaje. En algunos campos como la innovación científica e incluso otras disciplinas como la poesía, la audacia implica cometer errores, porque sin ellos, no habría avance posible. Echad un vistazo al documental El cerebro creativo de David Eaglema (Netflix), seguro que después contemplareis los errores de otra manera.

Comete hermosos errores

Acabo este post con las palabras de Neil Gaiman, escritor muy polifacético que ha escrito novelas, cómics, guiones de películas, etc. En un discurso que ofreció hará ya algunos años a una facultad de artes, habló del arte, pero dio algunos consejos que podrían ser aplicables a cualquier profesión y a cualquiera de nosotros. El discurso al completo no tiene desperdicio, aunque os dejo su parte final:


“Y ahora ve y comete errores interesantes, comete errores asombrosos, comete errores gloriosos y fantásticos. Rompe las reglas. Deja el mundo más interesante por tu presencia en él.

Haz buen arte.”


Y el buen arte no está reservado para los profesionales de la creatividad, todos somos creativos, porque:

¿cuál es el mayor acto creativo que puede existir que el vivir todos los días?   

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1 comentario en “El error más grande que he estado cometiendo.”

  1. Gran post que de nuevo habla de un tema que afecta todos los días. Sólo aportaría una frase célebre, que escuché sobre este mismo tema: «No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla.» Thomas Alva Edison Respondiendo a un periodista que le recordó que había cosechado casi mil intentos fallidos antes de dar con el filamento de tungsteno.

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