DESARROLLO MÍNIMO

¿Cómo ser más creativos en nuestros días? Reivindicación a la imaginación

«La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado, mientras que la imaginación abraza el mundo entero, estimula el progreso y dando lugar a la evolución».
Albert Einstein

Siempre me ha seducido la imaginación, y no solo como antesala al trabajo creativo sino como valor en si misma. La imaginación, el poder imaginar e inventar, me ha dado la posibilidad de vivir una vida cuando la que tenía era demasiado difícil como para poder habitar en ella. Pero no solo ha sido un escapismo, sino también una forma de inventar nuevas trayectorias, de intentar transitar nuevos caminos y proponer soluciones a problemáticas concretas. Para mí la imaginación es un arma poderosa para el cambio.

Pero ¿qué pasa?

A veces estamos atrapados en pensamientos rígidos y muy lineales. Los días pasan rápidos, consumimos más información de la que podemos procesar o nos enredáramos en distractores varios.  Y por supuesto, se cree que la imaginación no está al alcance de la gente normal, cuando es una cualidad humana presente en todos nosotros.

En el pasado, hubiera dicho que la solución es aprender a controlar la imaginación. Pero dudo mucho que eso de pueda o incluso se deba hacer. Hoy digo y apuesto por cultivarla, darle espacio todos los días para que la imaginación se fortalezca, despertarla y animarla a que vaya un poco más lejos. La imaginación encierra potencia de cambio, de solución e incluso capacidad de expresión de nuestra propia identidad individual y colectiva. ¿cómo vamos a dejarla apartada en nuestro día a día?

Qué es la imaginación y porqué antecede a la creatividad

La imaginación es la capacidad de producir pensamientos o imágenes mentales a partir de lo que hemos incorporado a nuestra mente a partir de los sentidos. Se podría decir que la habilidad de ver las cosas no como son sino como podrían ser a partir de nuestra experiencia.

En mi camino de intentar comprender mejor el proceso que nos lleva a imaginar me topé que en verdad existen dos tipos de imaginación: la reproductiva y la productiva. La reproductiva se encargaría de reproducir, por ejemplo, escenas de nuestro pasado. La productiva es la que produce algo que no ha existido a partir de la combinación de diferentes ideas, escenas e información de nuestro medio. De hecho, el pensamiento tiene está mucho más vinculado a la imaginación de lo que solemos pensar.

A partir de la imaginación, empiezan mucho de nuestros movimientos. Estamos constantemente imaginando. Cada vez que pensamos en “y si…”, “y si… en vez de ir a comprar nos vamos de paseo”, “y si…me tocara la lotería”, “y si…tuviera menos miedo”; “y si…empezara un blog”, “y si…apostara por un alternativa al capitalismo”.

Cuando tenemos que tomar una decisión, la imaginación se despliega para que podamos observar los diferentes caminos a los que podríamos optar e incluso proyecta sus consecuencias. Cuando nuestra situación nos angustia, es la imaginación la que nos suele comenzar a sacar de allí, pues nos da alternativas. Cuando no nos podemos mover, estamos paralizados, imaginamos.  Lleva un momento en el que empezamos a encontrar materiales para fabricar una escalera que nos saque del pozo en el que estamos.

Imaginar es el primer movimiento que antecede a la acción.

¿Y la creatividad? La creatividad es la materialización de la imaginación al el universo tangible (y maravilloso) de los sentidos. Digamos a la creatividad crea, transforma en una realidad apreciable a través de los sentidos lo que hemos creado previamente en la imaginación. Por ejemplo, cuando imaginamos un Gallifanofonte (un animal que me inventé hace muchos años que era una mezcla de varios). Primero lo vi en la mente, y luego lo dibujé e incluso escribí alguna historieta. Ese acto de traerlo a la vida: creación. Cuando encontramos una alternativa o una solución y la llevamos a la realidad: estamos creando. 

Porqué es un valor especialmente relevante hoy

La capacidad de imaginación es poderosa. Está presente incluso cuando creemos que no lo está. Desde lo más sencillo a lo más complejo.

En nuestra actualidad, estamos tomando lenta conciencia que la realidad es imaginada. Y esto tiene muchas vertientes.

Yuval Harari mantiene en su libro Sapiens, apoyado en bastantes estudios, que nuestras civilizaciones y ordenes sociales se sostienen por realidades imaginadas, todas ellas compartidas por todos sus habitantes, por supuesto. En general, los valores son imaginados al igual que lo son nuestros sistemas políticos y económicos, todos ellos no existen salvo en nuestra imaginación compartida. Sin embargo, no implica que sean menos reales pues crean edificios, sostienen civilizaciones, formas de comportarse y rigen nuestras vidas. De hecho, esta idea no es del todo nueva, pues desde los años 80, se lleva debatiendo en el campo de la historia y la filosofía, especialmente a partir de la publicación del estudio de Benedict Anderson, en sus Comunidades Imaginadas (si te has quedado con curiosidad te digo que en el planteaba que la nación es una comunidad construida socialmente, es decir que es imaginada y, que de hecho se va imaginando, pues se modifica, pero en este jardín no me meto).

Shakespeare en Hamlet decía que: “no hay nada bueno ni malo, sino es lo que se cree”. Y de nuevo, a parece la imaginación. Las cosas que nos imaginamos nos afectan, desencadenan respuestas incluso fisiológicas en nuestro organismo.  Las imágenes negativas que nos evocan peligro o de que va a ir mal las cosas, segregan respuestas fisiológicas para apartarnos de estos (el cortisol, por ejemplo).

Sin embargo, y justo por todo lo anterior, la imaginación conlleva la capacidad de un cambio. Porque nos permite pensar otros estados posibles, en otras realidades. Y en ese acto imaginado, convertir lo imaginado en un horizonte de posibilidad. Es decir, en un lugar al que dirigirse y que es posible alcanzar. Si no nos imaginamos que existe una solución o ni somos capaces de vislumbrar en qué situación querríamos estar ¿cómo vamos a alcanzarlo? ¿cómo podríamos ir en busca de otras herramientas? ¿qué otras vidas vamos a vivir diferente a esta sino la imaginamos previamente?

La imaginación puede cambiar nuestra percepción de la realidad. Lo que cambia mucho los factores, pues no es que la realidad determine nuestra imaginación, sino que nuestra imaginación (las imágenes mentales que tenemos en nuestras cabezas) es la que configura la realidad de lo que vemos y sentimos. Curioso, ¿verdad? Y de nuevo, se encuentra la esperanza de cambio ya que se está usando enfoques vinculados a la imaginación para el tratamiento de algunas fobias.

¿cómo alimento la imaginación?

Aquí voy a comentar lo que hago de manera casi diaria para fomentar la imaginación. En verdad, ya sabes, la distinción entre imaginación y creación es muy fina, aunque aquí incido más en el acto más mental, ya va espacios para hablar de la creatividad en sí.

  • Exposición a (buena) información: esto significa que todos los días trato de vincularme con buena información a través de conversaciones, lecturas, vídeos, podcast. Intento ser cuidadoso con las fuentes de información al igual que lo soy con el alimento que ingiero. Del mismo modo, intento exponerme menos a fuentes que considero irrelevantes o que juzgo que no reúnen los criterios adecuados para mí. La atención es limitada, no quiero perderme.
    • Mención aparte. Más no es siempre mejor. En este sentido, una de las tentaciones sea la de exponerse en exceso a información, pero eso no es nada bueno. Solo más confusión. 
  • El juego de las conexiones. El conocimiento para mi es conectar, al igual que la imaginación. Todos los días intento jugar a conectar cosas y a seguir la trayectoria que ha dado un pensamiento cuando ha evocado otro. Creo que así se potencia que las conexiones puedan ser más audaces. Así, cuando se tengan que dar respuestas a problemáticas se tendrá bien cultivado el acto de conexión.  Créeme, esto de la conexión es una cosa que mejora con la práctica. Te lo digo por experiencia.  Por ejemplo, en mi diario y en conversaciones que tengo juego a hacer cadenas de conexiones con algo que me haya pasado o haya visto.

  • Pasear: para mi es uno de los catalizadores más enormes que hay para imaginar. Imaginar es en verdad es dejar vagar los pensamientos y una forma de hacerlo es mientras se camina. Los paseos para mi suelen ser la antesala de la creación, de hecho, suelo ir con una libreta para ir apuntando las ideas que surgen. Es muy curio como las ideas se resisten a ser presionadas y se esconden. Andar, para mi, las moviliza y las hace salir. Más de una vez que me he quedado bloqueado y sin capacidad de ver nada en mi mente. Sin embargo, en el mismo momento de comenzar a andar, las ideas comienzan a entretejerse y la imaginación empieza a movilizarse. Uf, que sensación más maravillosa.

  • Imaginar escribiendo: escribir a mano me permite llegar a un flujo de pensamientos constante que de otro modo no consigo. Casi se podría decir que a veces es un ejercicio de escritura automática, pues dejo salir todo aquello que vague por mi mente y me limito a observar lo que surge. Después es cuando intento conectar ideas e ir más allá de lo evidente planteándome preguntas. También, intento hacer representaciones gráficas de algunas cosas que me ocupan. Todo ello en mi diario, por supuesto.

  • Crear en sus múltiples manifestaciones posibles. Crear es el acto de traer al mundo tangible aquello que la imaginación a pergeñado. Pero también alienta la imaginación. Hay una frase especialmente interesante que me gusta mucho y es: “La imaginación no tiene limites en crear maneras creativas para expresar dolor”. Aparece en un paper en el que vinculan la creación de música, arte, escritura (tanto de diarios como de poesía) con el alivio estados psicológicos alterados por circunstancias diversas, como estar atravesando enfermedades del tipo cáncer o VIH pasando por traumas. Y sí, funciona. Y no solo en la percepción del bienestar de las personas de los estudios, sino también con pruebas fisiológicas tangibles (modificación en su presión sanguínea, alteración en sus analíticas). El dolor, también la alegría, la ilusión, la duda, la esperanza o el desasosiego. Todos son sentimientos validos pero que canalizados y expresados pueden aliviarnos la carga que a veces tiene el vivir.

  • Momentos de deliberada soledad: sin nadie, sin móviles, sin conexión. Simplemente con uno mismo. 

  • Momentos de deliberada compañía: estar, con el resto, con los demás. Estar presente y siendo parte de quienes más aprecio. 

Me despido con mi querida Ursula K. Le Guin, a quien debo tanto:

“La imaginación no es una forma de hacer dinero. No tiene cabida en el léxico del lucro. No es un arma, aunque todas las armas se originen en ella y de ella dependa del uso o no de las armas: como todas las herramientas y sus usos.La imaginación es un modo fundamental de pensar, un medio esencial de convertirse en humano y seguir siéndolo. Es una herramienta mental. » pp. 273-275.

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