DESARROLLO MÍNIMO

Aficiones perdidas: un mapa para reivindicar tus aficiones

Cuando somos pequeños solemos hacer de manera natural cosas que nos llenan. No lo pensábamos, ni reflexionábamos. Tan solo actuábamos. Encontrábamos. Hacíamos.

Con el paso del tiempo, las obligaciones se van incrementando, así como diversos distractores. Y, poco a poco, dejamos de hacer algunas de las cosas que daban significado y color a nuestras vidas. 

Estoy hablando de las aficiones. En verdad, también se les conocen como hobbies, pasatiempos o “eso que haces cuando te sobra el tiempo”. Estas acepciones me gustan menos porque revisten de frivolidad a algo que me parece muy importante. Para mí, las aficiones no son una mera forma de pasar el rato sino una forma de enriquecer nuestra experiencia y de encontrar formas de expresarnos de formas muy variadas.

Además, resultan que son un cortafuegos fabuloso para por burnout (desgaste laboral) e incrementan nuestro bienestar percibido y fisiológico (ejemplo y ejemplo).  Aunque quizá lo fundamental, para mí, es la capacidad que tienen para fomentar nuestra creatividad y expresar aquellos sentimientos escurridizos que nos resultan difíciles de verbalizar pero que merecen salir al mundo exterior. Por eso es, es tan importante garantizar ratos en para las aficiones. Y no únicamente para que sirvan de contrapeso para el trabajo o largas temporadas de estudios, sino para encontrar gusto y placer por la única vida que vivimos.

Pero ¿qué sucede cuando nos hemos distanciado tanto de ellas que no sabemos cuáles son? ¿y si no sé ni lo que quiero hacer? Para eso he preparado un  breve viaje para proponerte algunos modos de reconectarnos con nosotros mismos y nuestras aficiones.  

recorrido a nuestras aficiones

REGRESAR A LA INFANCIA

Los seres humanos, queramos creerlo o no, somos criaturas bastante históricas. Casi todo lo que somos en el presente se conecta en gran parte con lo que hemos sido en el pasado. Por eso, y quizá por mi formación como historiador, recurro a veces en al pasado para encontrar algunas respuestas. Y, en este sentido, he descubierto que algunas cosas que me gustaría hacer en la actualidad, y que abandoné en algún momento, se conectan con manifestaciones de hace muchos años. 

Lo que te propongo aquí es un pequeño viaje a tus yo pasados. Para ello, no tienes porque estar solo. Para este pequeño ejercicio hay una parte para hacer en forma de autorreflexión y otra acompañado/a. Las primeras preguntas que puedes plantearte pueden ser del tipo: ¿qué me gustaba hacer en el pasado? ¿qué cosas ocupaban mi tiempo? ¿qué hacía que el tiempo pasara volando?

Sin embargo, a veces uno solo puede que se le escapen ciertas cosas. Por eso es muy revelador preguntar a familia cercana como hermanos, padres o amigos íntimos de la infancia. Pídeles que te cuenten anécdotas sobre ti y de las cosas que hacías de pequeño o las aficiones que tenías. 

Con toda la información que has recogido puedes crear una especie de línea temporal donde colocar lo que fueron tus aficiones. Quizá algunas hayan ido cambiando o quizá incluso encuentres como algunas se repiten de formas variopintas a lo largo de tu vida. Pueden que te encuentres que una constante pueda ser practicar algún deporte, dibujar, tocar algún instrumento, construir cosas con las manos, hacer maquetas…

líneas temporales

Para poner un ejemplo de un descubrimiento reciente, te comparto algo personal. 

Tras reflexionar a partir de estos ejercicios, me he dado cuenta de que una constante que ha estado ahí y que nunca tomé como una afición de verdad: la grabación y la edición de vídeo. Hasta hace muy poco, no reconocía que he estado fascinado con las cámaras desde muy pequeño. En el instituto disfrutaba de todo proyecto que tuviera que ver con la edición. Eso hacia que el tiempo se suspendiera. En la carrera, pasó igual. De hecho, recuerdo un proyecto de documental de un tema que me aburría pero que disfruté al hacerlo un montón. Y por casualidades de la vida acabé en una beca en mi universidad en la que mi ocupación era grabar y editar videos. Sin proponerlo. Sin saberlo. Disfruté mucho de esa experiencia. Hace poco, me di cuenta de que nunca me había planteado esa conexión conmigo porque pensaba que yo no era el tipo de persona al que le podrían gustar esas cosas. Pero mirar las cosas con perspectiva y salir de auto imposiciones nos brinda mucho autoconocimiento y con ello, la posibilidad de hacer cosas que no hubiéramos imaginado. Por eso me parece tan interesante hacer estos pequeños ejercicios, porque te dan más ideas y te permiten ver las cosas en perspectiva. 

PREGUNTAR A LOS DEMÁS

Preguntar a otros seres humanos una fuente inagotable de experiencias, conocimiento y una manera formidable de entretejer relaciones. Una cosa que me gusta hacer es preguntar a los demás respecto a sus aficiones. Además, tengo dos tipos de preguntas diferentes. Ya veréis. El primero tipo son preguntas tipo: ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?¿qué sueles hacer para relajarte? ¿cuáles son tus aficiones? Estas preguntas te pueden desvelar posibilidades que ni habrías imaginado.

Sin embargo, lo más interesante es la conversación que puede surgir a través de preguntas como: ¿qué es lo que más te gusta de X? ¿cuál es la causa de que lo disfrutes tanto?   

Estas preguntas abren la posibilidad de darles otros significados a ciertas aficiones que no habías ni imaginado

zPor ejemplo, una vez conocí a una persona que me comentó con cierta timidez que lo que le gustaba de verdad, pero de verdad de la buena, era hacer puzzles.  Habrá a quienes no les interese mucho o les parezcan una afición algo aburrida (aunque no hay nada aburrido sino gente más o menos curiosa). Sin embargo, cuando le pregunté qué veía en ellos su expresión cambió.  Para esa persona hacer puzzles implicaba una forma de meditación. Le permitía  concentrar su atención en una tarea pequeña, concreta, alejada de pensamientos invasivos. Además, le brindaba una oportunidad crear piezas de arte y ver como, con paciencia y constancia, las piezas encajaban y formaban algo visible. Algo, por lo demás, muy satisfactorio, sobre todo por partir de algo tan caótico como un conjunto de piezas minúsculas.

Al final no importa tanto el qué se hace, sino lo que hay detrás de lo que hacemos. 

PROBAR DIFERENTES COSAS

En un mundo aún pandémico quizá sea difícil apuntarse a actividades ya que hay listas de espera o aforos reducidos. Sin embargo, siempre se pueden acudir a algunos talleres, polideportivos, etc.

Y por no hablar de las múltiples posibilidades que ofrece internet para formarte y darte herramientas y posibilidad para desarrollar aficiones.  Algunas de mis plataformas favoritas en este sentido son  Domestika y Skillshare. Ambas son similares y diferentes a la par. Su punto común es que ofrecen cursillos temáticos respecto a muchas cosas. En ambos casos son de pago. En el primero, pagas por cada curso que realizas; en el segundo, se paga una suscripción mensual. Personalmente alterno entre ambas. Para cursos concretos cuando quiero aprender algo nuevo y requiero cierta profundidad, curso algo de Domestika. Cuando algún mes me apetece curiosear o sé que hay cursos varios que me interesan, me suscribo a Skillshare.

La idea que prima aquí es no temer el probar y a descartar. Pensar es el primer paso, pero probar, experimentar y valorar es para mi fundamental. No hace falta que te comprometas cuando estés probando, ya lo harás después. Una idea que intento tener presente es que cuando probamos estamos explorando una dimensión distinta de uno mismo y si no te convence se deja. Punto. Otra cosa distinta explorar porque lo dejas. ¿Es por inseguridad o porque los resultados no son lo que tú esperas?Eso ya es otro cantar. Por eso, para mi, prima siempre la conciencia.

La prueba del tiempo

Uno de los signos para saber si estás ante esa afición que va a formar parte de tu vida actual es, para mí, el tiempo. Si en esas pruebas detectas que alguna actividad hace que el tiempo flote, que deje de existir, es decir, que te traslada a Aion  es que estás ante algo importante.

Eso no quiere decir que en algunos momentos cuando desarrollamos una actividad no nos topemos con alguna dificultad. Toda afición que se desarrolla necesita de tiempo, espacio y dedicación para poder practicarla. Por ejemplo, cuando se aprende a tocar la guitarra hay que pasar por algunas prácticas no tan excitantes como aprender escalas, sobreponerse a la creación de los callos al pulsar las cuerdas o aprender algo de teoría. Todo ello tiene una dimensión luminosa pero requieren compromiso. Sin embargo, lo que hay detrás es suficiente poderoso como trabajemos la constancia: el poder transmitir, expresar y hacer de nuestro tiempo algo vivo y centelleante.

¿Qué opinas? ¿cuán importante son las aficiones en tu vida? ¿cómo tiras del hilo hasta llegar a una?

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