DESARROLLO MÍNIMO

¿Maximizador o satisfizador? El motivo por el que te puede costar tanto decidir

Imaginemos que nos vamos de viaje al lejano año 1838.  Nos encontramos en una estancia en penumbra y observamos que alguien está reclinado en su escritorio escribiendo en su diario. Es Charles Darwin, con su traje de época. Está redactando una larga lista de pros y contras respecto una importante decisión. Pero ¿qué estará Charles Darwin escribiendo? ¿Quizá podría estar tomando una decisión respecto a qué editorial mandar una publicación que sabe que va a ser problemática? O ¿quizá esté poniendo aprueba la validez de alguna teoría peliaguda? No, la decisión que valoraba era si contraer o no matrimonio, específicamente con Emma Wedgwood (podéis echar un vistazo a la nota y su transcripción aquí y un artículo muy interesante al respecto de Maria Popova).

Quizá algunos puedan estar tentados a etiquetar a Darwin de frío o excesivamente calculador, entre otras cosas, pero eso es muy injusto por diversos motivos. Primero, por la distancia cultural que existe entre el primer tercio del siglo XIX y nuestra propia época. Pero también por los propios rasgos de la personalidad del científico, ya que su mentalidad era dada a la inclinación del análisis científico en todas sus dimensiones ( y bueno, otro ambiente social, valores, educativos etc). Por tanto, redactar una lista para observar con racionalidad las consecuencias de su decisión puede que fuera lo más natural para él.

Me acuerdo cuando conocí esta anécdota hace varios años y me sentí aliviado y hasta empaticé con cierto agrado ya que había encontrado una línea de semejanza con el científico que tanto me fascinó de pequeño. Ambos, además de cierta fascinación por las listas, pertenecíamos a un selecto y numeroso club: el club de los indecisos que necesitan reflexionarlo todo. ¿Será lo mejor?, ¿cuántas opciones más hay?, ¿qué consecuencias tendrá lo que hoy decida a largo plazo?…

Sin embargo, la suscripción a este club no ayuda en el momento de mejorar la sensación a la hora de tomar decisiones ni ayuda a escapar de la fastidiosa parálisis por análisis (cuando uno se queda analizando variables antes de cometer una acción) por la que, a veces, terminamos en la inacción.

El ser indeciso es una etiqueta que generalmente se aplica para describir a las personas a las que les cuesta tomar decisiones. Sin embargo, lo fascinante del ser humano es que las cosas no son tan sencillas. La cuestión es algo más delicada y, por tanto, apasionante.  Todos tomamos decisiones, todos los días, en cualquier momento, y saber que teorías y estudios hay sobre la toma decisiones puede ser una especie de santo grial en nuestra época.

Hay una distinción que proviene del campo de las teorías respecto a la toma de decisiones que me parece útil. Esta se basa en que hay ciertos rasgos de la personalidad relacionados con la toma decisiones y que pueden decir mucho de nuestros patrones y sobre todo de nuestro bienestar. Aunque varios modelos, hoy traigo uno específicamente: ¿eres maximizador o satisfizador? ¿Maximizas resultados o buscas satisfacción? Sigue leyendo, que te cuento.

Maximizador y satisfizador

Dentro del campo de estudios de la teoría de la decisión, diversos científicos han encontrado que hay dos rasgos principales de la personalidad que dice mucho sobre el patrón que hay detrás de cómo elegimos. Esta claro, esto no vale para ponernos más etiquetas que nos impidan avanzar, pero sí sirven para ser más conscientes de nuestras tendencias y sobre todo para aprender a manejarlas.

Vayamos a las definiciones.

Los maximizadores serían aquellas personas que tienen la tendencia de intentar extraer el máximo beneficio de cada decisión o intentar encontrar la utilidad más alta posible. Sin embargo, los satisfizadores (sí, está bien escrito), piensan en elegir la mejor opción de cara a cumplir con sus necesidades actuales. Su objetivo, por tanto, no está tanto en extraer el máximo beneficio de estas, como de satisfacerse.

La literatura científica muestra que tener una u otra tendencia al decidir trae efectos diferentes sobre el bienestar (estudioy estudio). De hecho, la balanza del bienestar se inclina a favor de los satisfizadores, ya que según los estudios de, entre otros, Barry Schwartz que hemos señalado antes, además de otro grupo de investigación chileno así lo manifiesta. En este sentido, el grupo de los satisfizadores dan muestras de mayor felicidad, optimismo y autoestima, y sienten menos pesar y síntomas de depresión que los maximizadores. Pero claro, si maximizar es elegir la mejor opción y en este momento a todos nos encanta lo maxi, ¿cómo puede ser esa relación con el malestar?

Más y mejor no es sinónimo de bienestar

En verdad, como en todo, no es una cuestión de positivo/negativo o bueno/malo, sino de las implicaciones que tiene. Aunque en muchos aspectos se podría decir que la tendencia a la maximización se correlaciona con más “beneficios” objetivos como obtener un mejor trabajo tras graduarse que los satisfizadores (incluso pueden llegar a ganar un 20% más en sus salarios según este estudio), eso no se relaciona precisamente con su satisfacción vital o su bienestar. Justamente esto sucede al contrario.

Por ejemplo, según los estudios, intentar elegir la mejor opción implica una inversión de energía para analizar la mejor alternativa con tal de estar seguros de la elección. De hecho, me reconozco en eso de quedarme exhausto al intentar encontrar la mejor opción.  Puede ser ante elegir el enfoque de un artículo o tomar alguna que otra decisión vital.

Además, según las estadísticas, resulta que son los que más “remordimiento del comprador” suelen tener después de adquirir bienes, pues no acaban de estar del todo satisfechos y suele pesar la duda sobre la validez de su elección.

Otros datos interesantes es que las personas con tendencias maximizadoras suelen estar generalmente más predispuestas a la comparación social. Y en verdad, hay una cierta relación entre la infelicidad y la comparación, ya que normalmente solemos compararnos respecto a aquellos los que obtienen mejores resultados que nosotros. Esto lo demuestra el trabajo de Lyubomirsky y Ross y nos muestra que esto continúa girando nuestra rueda de la insatisfacción.

En este sentido, Schwartz mantiene que hay una paradoja en lo que los maximizadores se refiere. Aunque podrían reunir los hechos objetivos para disfrutar de un mejor bienestar no es así por todo lo que hemos visto anteriormente. Esto se debe a la fatiga que produce analizar las diferentes variables, la enorme existencia de las posibilidades, la responsabilidad excesiva al individuo, así como el aumento de sensación de malestar e insatisfacción por sus elecciones. Toda esta combinación hace que el bienestar y la percepción de felicidad sea menor. Aunque claro, también se puede añadir el paradigma social-político y económico en el que vivimos que crean un ambiente más favorable a estas consecuencias.

Amor por las paradojas y las terceras vías

Continuando con esto de las elecciones, de Barry Schwart en uno de sus libros, observó otra interesante paradoja: la proliferación de elecciones que están a nuestra disposición no implica necesariamente una mayor satisfacción en nuestras sesiones finales. No por más variables que tengamos obtendremos una mayor satisfacción. Actualmente tenemos una abundancia tanto informativa, como de datos, de posibilidades potenciales, etc. Tantas variables no dejan de incrementar las decisiones que tomamos, de un modo explícito o implícito, lo que hace descender, según el investigador, nuestra capacidad de disfrutar y apreciar lo que tenemos.

Tener una tendencia maximizadora o satisfizadora es, para mi, tener una tendencia como la introversión o extroversión. No deben ser etiquetas fijas que deban suponer una cárcel o encorsetarnos, sino una manera de conocernos más a nosotros mismos y tener herramientas para replantarnos lo qué hacemos y el porqué. No debe ser fin, sino un inicio para conocernos y construir una tercera vía. Y ya si nos sirve para ser más compasivos con otros seres humanos, aún mejor.

Soy un total apasionado de las terceras vías, o incluso de las cuartas, quintas o las que sean. En este caso, la tercera vía es la que cruza la intersección entre maximización y satisfacción. Es la que nos hace apreciarnos tal y cómo somos a la par que exploramos nuevas estrategias para incrementar nuestro bienestar.   

Lo que me ha indicado esta distinción es buscar el equilibrio entre saber cuándo debo intentar poner más energía ante una decisión y de cuando no. De moverme entre ser maximización y satisfizador. Así, cuando sé que estoy orbitando de nuevo hacia la maximización, intento regresar a mis valores, necesidades y objetivos principales. Al fin y al cabo, lo que intento es buscar un equilibro. Al igual que intento recordarme a mi mismo que más variables a la hora de tomar decisiones a veces no enriquecen la vida, sino que la complican.

Entiendo que hay decisiones más trascendentales que otras, por tanto, el grado de implicación no puede ser igual en todas las decisiones que tomamos. Discernir lo importante de lo secundario puede ayudarnos, no solo en el campo de la toma decisiones, sino en también en los demás.

PD: Finalmente, y como seguramente sabrás, Charles Darwin se casó con Emma Wedgwood. Decisión tomada.

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