DESARROLLO MÍNIMO

El milagro antinatural de la lectura

“La palabra no es una etimología, sino un puro milagro.”

Ramón Gómez de la Serna (frase localizada en un más que recomendable artículo de Bibiana Candia sobre María Moliner)

Recuerdo aquellas tardes calurosas del verano, al finalizar infantil, en las que mi padre me enseñó a leer. Tardes difíciles, frustrantes, pero poco podría sospechar que eran un pago nimio por acceder al milagro de la lectura. Recuerdo especialmente la primera palabra. Miento. No la primera palabra, si no la emoción de leer la primera palabra. Tanta, que salí eufórico por el pasillo corriendo. Tanto, que derrapé y me golpeé el brazo. Así, entrelazadas quedaron para siempre el deleite y el dolor que pueden entrañan la literatura, lectura y escritura.

Le lectura forma un tapiz en torno al que nosotros difícilmente podemos salir. Una vez probado, es posible que ni queramos. Leemos mensajes de texto de amigos, conocidos, leemos advertencias de anuncios, de la DGT, de la propaganda, etc. Leemos sin quererlo en cuanto vemos palabras en los idiomas en los que hablamos. En serio, intenta no leer ahora mismo estas letras, es imposible no identificar signos con significados. Incluso, leemos las palabras de los otros, leemos sus silencios y sus gestos. En definitiva, interpretamos a través de signos.

Sin embargo, este acto de lectura es algo antinatural, no estamos preparados para leer y, sin embargo, no dejamos de hacerlo. Ocurre que a veces desearíamos leer más o leer mejor. Así que, en este post, comparto algunos cambios en mi forma de contemplar la lectura que ha hecho que acceda a los libros de otra manera, ya que ayudan a derriban algunas barreras mentales. Esto nos lleva a leer más y buscar deliberadamente el leer mejor.

El milagro es antinatural: no estamos preparados para la lectura

Que podamos leer no es natural. La alfabetización no lo es. Nosotros, homo sapiens, llevamos 300.000 años de andadura en este planeta y tan solo desde hace 5.000 comenzamos a escribir y leer, y en principio, solo lo pudieron hacer una minoría planetaria. Las primeras grafías fueron concebidas para administrar recursos e impartir leyes y el primer escritor (en verdad, escriba) fue posiblemente un contable anónimo. Sin embargo, la escritura y la lectura supusieron un punto de inflexión en la historia de la humanidad. De hecho, lo que conocemos como Historia comienza con la aparición de la escritura y, por ende, de la lectura.

De hecho, otra gran revolución del conocimiento, y que supuso la base para otras revoluciones humanas, fue la invención de la Imprenta de Guttenberg (siglo XV).

Con el paso de las centurias, tras la lejana Mesopotamia donde se estima que apareció la escritura, vinieron leyes, las normas, las historias, las leyendas. Muchas veces entremezcladas como en el Código Hammurabi. Pero, como hemos dicho, extender la alfabetización fue más complejo y para eso hubo que esperar milenios. Encontrando especialmente ese impulso alfabetizador en los siglo XIX y XX con tristes disimetrías entre los sexos(si te interesan las estadística esto es para ti artículo; para saber más recomiendo a Viñao Frago, especialmente este artículo; y para el tema de la mujer en el contexto español a  María Rosa Capel).

Incluso en la actualidad, con los sistemas pedagógicos potentes con los que contamos, tardamos años en aprender a leer y escribir. Son años de tentativas para saber cómo juntar palabras y darles significado basado en textos visuales y descriptivos para que más adelante, se conviertan en acciones y aventuras. Solo al final, y tras varios años, estamos preparados para las abstracciones, los marcos conceptuales y las emociones.  

La lectura, por tanto, es una de las habilidades más extraordinarias del ser humano y que posibilita el acceso y la transmisión del conocimiento, nuestro bien más preciado. Como mantiene, Stanislas Dhaene, no hemos sido preparados para la alfabetización, y si embargo, leemos. Y es que la lectura es también, un acceso a otra de las tecnologías más potentes que tenemos, como escribió Guia Carmona en su web: la literatura.

Falsos mitos respecto a la lectura que pueden estar impidiendo que leas más

Decía Virginia Woolf en ¿Cómo ha de leerse un libro? que el único consejo que se le puede dar a otra persona respecto a cómo leer un libro es que no se deje aconsejar y siga, esencialmente, su propio criterio. Yo suscribo sus palabras, aunque no me resisto a compartir algunas ideas-descubrimientos que han cambiado mi forma de acercarme a la lectura y que han hecho que lea más y mejor. No son trucos, son cambios de enfoque:

Simultanear la lectura libros

Hay dos tipos de lectores, los que leen un libro y hasta que no lo acaban no comienzan otro o los que leen varios a la par. Comencé siendo de los primeros, aunque pronto me convertí en los segundos. Hacer simultánea la lectura de varios libros es, para mí, hacer expansivo y dinámico el acceso al conocimiento. No espero terminar uno para empezar otro. Además, en cada momento no necesitamos lo mismo, ni nuestro rendimiento cognitivo ni el emocional es igual. De este modo, le doy a cada historia, a cada autor, su momento idóneo para que cuente lo que tiene que contar. Algunos libros son mejores para algunos momentos del día o para según que estamos emocionales. Para eso la mejor manera es la de descubrirse a uno mismo, saber qué le gusta leer, para qué y cuándo. Eso sí, cuidado con la cantidad de libros simultáneos. Más no es mejor.

Por ejemplo, un libro que estoy disfrutando bastante es Sapiens de Yuval Noah Harari. Lo leía por las noches hasta que me di cuenta de que interfería en mi descanso, porque lo leía en la cama, con un lápiz en la mano tomando notas, conectando algunos de sus argumentos con otras teorías y, al final, me espabilaba. Obvio. Así que cambié su lectura durante el día y por las noches prefiero leer literatura o ensayos más relajados. Sin embargo, a veces puede ocurrir todo lo contrario como es que un libro campe suelto y devore los momentos de los demás. Así me pasó muy recientemente con el de Sara Mesa Un Amor. El resto de los libros que andaba leyendo tuvieron que esperar pacientemente hasta que este me dejó libre.

Dejarlos ir

A veces hay libros que no son para uno, llegaron, pero no era el momento adecuado. Del mismo modo, en esto hay dos tipos de lectores: el que se compromete hasta el final y el que los deja. No soy de picoteos, pero cuando me topo algo que no consigo proseguir, me quedo la referencia y lo dejo marchar. En ocasiones, por una falsa idea de compromiso uno se obliga a acabar un libro hasta que abandona la lectura en sí misma antes que el libro.

En verdad, hay más libros publicados (sin contar con los que se están editando y los que aún ni sus escritores imaginan y que vendrán en el futuro) que tiempo material que disfrutamos en una vida humana para leerlos. Obligarse en leer ese porcentaje exiguo que no te dice nada en ese momento no parece razonable. Cada libro tiene su momento. A lo mejor volverá a ti en otro tiempo. Desde que no me obligo a leer algo que no quiero, he de reconocer que he abandonado muy poquitas lecturas en los últimos años. Saber cuáles son tus preferencias lectoras ayuda mucho.

La lectura no es solo con los ojos

A veces he leído algún audiolibro y no lo he subido Good Reads. Es algo muy relevante porque eso significaba que para mí escuchar no es leer. Como que esa “lectura” no cuenta. Hay una especie de guerra entre los formatos: la lectura visual y la lectura auditiva. Aunque suele existir un tercero en discordia: novela ilustrada y comics (para alguno, no son suficiente cultos y no merecen la pena…en fin). Aunque me suelo referir concretamente a los libros o los textos en los que se accede a través de la alfabetización, no solo se tiene que leer a través de ojos sino con otras formas de mirar: escuchando.

Ya lo decía Ursula K. Le Guin en  Contar es escuchar . Leer es un acto comunicativo, de interpretación de acceso a información, conocimiento y experiencias. ¿qué pasa con las culturas que no emplean textos escritos para transmitir ideas? ¿qué pasa con las personas que tienen ceguera? Las historias que me contaban mis abuelos o los relatos que nos relatábamos los amigos en las noche en verano cuando veíamos las estrellas fugaces caer ¿no eran una forma de lectura oral? Leer es leer. Aunque la lectura a través de los textos escritos tiene unos beneficios cognitivos muy relevantes, no es menos cierto, también es un formato. Se puede leer escuchando si es lo que apetece. Si es lo que va a permitir acceder a otras vivencias y conocimientos. Cuenta. Cuenta y mucho. Lo puedes hacerlo cuando caminas, cuando descubres la ciudad o cuando te desplazas. Te cambiará y aprenderás, seguro.

Leer más no; aprende a leer mejor

Empecé diciendo que estos enfoques ayudan a leer más. Pero hay una pequeña trampa, no se trata de leer más, sino de leer mejor.  Creo que desapegarse de la idea de cantidad nos llevaría a otros lugares. En relación con la lectura, cada vez entiendo que la cantidad es un número, no implica profundidad ni interiorización. Por eso, no me han interesado las técnicas de lectura rápida o personas que se vanaglorian de leer un libro al día. Lo que si relevante es aprender a leer cada tipo de libro como se merece. Porque gracias a aprender diversas formas de leer se puede extraer un mejor conocimiento (intelectual, experimental, estético, etc.) de los libros. Y, además, se disfruta más (ahí sí que me quedo con la cantidad). Por descontando, uno de los efectos colaterales de saber preguntar y leer cada libro/texto como se merece es velocidad: lees más. Así que en el fondo si deseas leer más, no olvides preguntarte cómo lees. Y por supuesto, olvidarte de las cantidades.

En ese sentido, distingo de una manera muy generalista entre libros técnicos, novelas y poesía. Cada tipo de libro se leen de formas diferentes, ya que como lectores/as les requerimos distintas cosas. Algunos queremos que nos distraigan, otros queremos que ensañen nuestra cosmovisión, a otros les requerimos conocimientos técnicos…Al y al cabo, tener conciencia de diferentes modos de lecturas impulsa aún más la lectura. Para eso hay algunos libros por si te apetece explorar. Por ejemplo, el clásico How to read a book o la pequeña guía de Cómo escribir sobre una lectura. Este último, en verdad, da algunas guías sobre como escribir reseñas, pero es bastante útil porque da unas pautas cómo leer y cómo interrogar a un texto.  Por cierto, hablando de escritura; escribir sobre los libros es una buena manera de profundizar en sus ideas, tomar notas es una manera espléndida para incrementar el diálogo con las obras. Así que en este sentido no puedo dejar de recomendar El Método Zettelkasten, si te interesa tener un buen sistema de organización de notas (esencial para gestionar toda la información y conocimiento a los que estamos expuesto y que nos son necesarios en la actualidad)

En definitiva.

Leer es, ante todo, un acto de libertad. Decía Bertolt Breth que la manera más corta de llegar a un punto era trazar una línea recta. Supongamos que lo que buscamos tras la línea recta sea leer más. En este caso, las rectas se convierten en curvas y espirales interconectadas. En todos los sentidos. No hay una manera única de leer. Salvo entender el milagro que implica leer y saber encontrar tus propios intereses. Y claro, quizá reenfocar algunas ideas preconcebidas respecto a la lectura: solo leer un libro cada vez; acabarlos hasta el final; solo se leen libros en forma de texto escrito; todos los textos se leen igual. Estas ideas son “muy” línea recta.

¿Qué opinas?

 

¡Felices lecturas!

1 comentario en “El milagro antinatural de la lectura”

  1. «El infinito en un junco» te está esperando si todavía no lo has leído. Te encantará. Artículo maravilloso. Espero que algún día escribas un libro. El mundo será más bonito.

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